Después de buscar varias soluciones, solo hubo que esperar a que el animal se fuera por iniciativa propia
14 ago 2008 . Actualizado a las 11:26 h.Desde que el delfín Gaspar llegó a las costas gallegas, a principios de año, han sido muchas las organizaciones que comparan su actitud con la del delfín Jean Floch, que vivió en la Bretaña francesa desde el año 2002 hasta que despareció, curiosamente, pocos días antes de que Gaspar fuera visto en las costas atlánticas gallegas. El ya extraño comportamiento del animal en las costas francesas fue llevado en su momento hasta el Ministerio de Medio Ambiente del país galo.
Los expertos de la asociación bretona encargados del estudio de mamíferos marinos, Réseau Cétacés, comentan que cuando «su Gaspar» habitaba en Francia molestaba a los pescadores hasta el punto de hacer que muchos de ellos cayeran al mar o de imposibilitarles sus labores diarias. Las quejas eran tantas que la única solución que vieron fue la de elevar el caso al Ministerio. Desde la Administración, se proponía una única solución: instalar un sistema en algunos puertos que emitiera ultrasonidos que provocaran la marcha del animal. Esto nunca sucedió y las autoridades no dieron ninguna otra solución más que la de esperar a que Jean Floch se fuera por su propia iniciativa.
Algo parecido está pasando en la comunidad gallega. Gaspar no ha llegado, por ahora, al Ministerio, pero sí lo ha hecho ya a la Consellería. Algunas de las empresas afectadas por el comportamiento de Gaspar han realizado una queja pública por la falta de medidas, algo que algunos definen como un comportamiento «vergonzoso» que consiste en desentenderse del asunto hasta que pase algo grave.
Las dos versiones, vidas y países de procedencia de los delfines francés y gallego similares: nunca han mostrado una actitud agresiva, pero alegan que podría darse. Al tratarse de un animal salvaje que está viendo invadido su hábitat por la especie humana, temen que pudiera manifestar una actitud no tan bromista como parece tener.
Seguridad de los marineros
Lo que a la Admistración gala se le pidió en su momento y a la gallega se le exige ahora es que velen por la seguridad de los marineros, buzos o cualquier persona que realice labores acuáticas. «Gaspar tiene la costumbre de imitar el comportamiento humano, sin importarle el daño que pueda provocar porque él considera sus actos como un simple juego», señala Mara, la responsable del Cemma. Sea cual sea definitivamente el origen del animal, lo cierto es que los delfines francés y gallego, en caso de que sean dos, se comportan de manera exacta. Por eso la teoría que parece cobrar fuerza, y que en Francia también sostienen, es que el animal es el mismo en ambos casos.