Experta en manejar emociones, Mei Castillo cree que la sensación subjetiva de bienestar alarga la vida de las personas
09 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Mei Castillo, especialista en la atención integral de las personas mayores, más allá de criterios físicos o cognitivos, participó ayer en la Escuela Internacional de Gerontología que desarrolla Caixa Galicia -en la sede del Instituto Tecnolóxico Empresarial- en A Coruña. Como experta en el control y manejo de las emociones, Castillo abogó por tratar a las personas mayores con dignidad y concederles la máxima independencia, porque eso repercutirá en su calidad de vida, su sensación de bienestar y en cuestiones objetivas como su salud mental y física.
-¿Qué estrategia tenemos que seguir cuando tratamos con gente mayor?
-Creo que lo principal para tratar a los mayores es tolerar su forma de comunicarse. Si esa persona está triste y llora, no podemos decirle «¡no llores!», porque eso supone intolerancia, negar su sentimientos. Lo segundo es comprenderlo, ponerse en su lugar y, finalmente, gestionar el retorno de las emociones, conseguir que se entere de que tú lo aceptas.
-Todo ello incluso en casos en que haya problemas cognitivos...
-Sobre todo. Una persona con alzhéimer, por ejemplo, reacciona sobre todo a partir de cómo se siente, así que sus emociones van antes de que sus acciones. Lo importante es la sensación subjetiva de las personas. Hay muchos mayores que están físicamente limitados, pero se siente muy bien, muy bien tratados, queridos y valorados, y otros, que no tienen tanto deterioro físico, se sienten fatal.
-Eso tanto en las residencias como en las familias...
-Por supuesto, porque la persona mayor que vive en una residencia no se entiende sin su familia, sin su trayectoria vital.
-Lo que exige a los profesionales un esfuerzo mayor, porque obviamente no saben nada de la persona cuando entra por la puerta.
-Los equipos interdisciplinares de las residencias y centros de día deben actuar con coherencia y complementariedad. Tienen que saber cómo atender en cada momento a la persona ante las diferentes situaciones que se puedan dar.
-Ponga un ejemplo...
-Un error muy frecuente cuando entra un nuevo residente en un centro es que se le reciba diciendo «aquí tenemos de todo, no se va a preocupar usted por nada...». Esto que parece positivo no lo es a veces tanto. Mucha gente entra en una residencia y no vuelve a salir a la calle jamás. Vale que en el centro tengan médico, practicante y peluquero, pero si esa persona estaba acostumbrada, por ejemplo, a ir todos los viernes por la tarde a la peluquería de su barrio a arreglarse, ahora el centro tendría que hacer lo posible, dados sus lógicos problemas de movilidad, para buscar la manera de que siga haciéndolo.
-¿Ese trabajo de hacerse con información? ¿Saber cómo eran las rutinas de las personas que entran en un centro tiene recompensa?
-Todos los estudios apuntan a que el sistema inmunológico se refuerza con el bienestar emocional y eso afecta al funcionamiento de todo el cuerpo, desde el corazón hasta el cerebro.
-En general no nos ocupamos mucho de las emociones...
-Es cierto, y por ejemplo en el 2005 en Estados Unidos se publicaron el doble de trabajos que hablaban de la racionalidad de las personas mayores frente a sus emociones. Sin embargo, sabemos que están muy relacionadas incluso con capacidades como la cognición o la memoria.
-¿Cómo trata la sociedad actual a los mayores?
-En general tendemos a apartar lo que no nos resulta bonito, y la vejez no lo es. Es algo que va mucho más allá de la incorporación de la mujer al trabajo y de los nuevos roles sociales.
-¿No ocurre que también las personas mayores prefieren hoy una residencia que ser una carga para los hijos?
-Eso pasa con las nuevas generaciones de mayores, gente con otro nivel cultural y social, que no quiere perder su vida e independencia, pero no con las personas de ochenta y noventa años que están en nuestras residencias.
-¿Hay que prepararse para ser viejo?
-Sería conveniente, pero lo más importantes es que hay que valorar qué hacemos bien, qué nos gusta, y emplear ese conocimiento; puede ser como voluntarios en acciones sociales o como profesores sénior.