La fortaleza de Valença do Miño, antaño un punto de visita inexcusable para comprar casi cualquier cosa, se ha convertido en una fortaleza fantasma. Los empleados de los comercios se aburren esperando esporádicas excursiones de turistas: «Estamos todos deseando que llegue la Semana Santa. Y este año más que nunca», apuntaban varios comerciantes esta semana. El turismo ha variado y la tristeza del punto más emblemático de la localidad fronteriza contrasta con el bullicio de la zona comercial de Braga, que se prepara para seducir los bolsillos gallegos con el anzuelo de la Semana Santa.
Con todo, es el entorno de Oporto y, singularmente, Aveiro, la zona que más atrae a los turistas gallegos. En este último destino, se preparan para ofrecer una amplia oferta desligada del turismo únicamente de playa para distribuir mejor el desembarco que, en verano, agota las plazas hoteleras que ofrece la ciudad.