Un físico catalán jubilado se instala en Galicia tras determinar que es el mejor lugar de España calculando dos variables: el coste de la vida y el calentamiento global
25 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Juan Segarra (70 años) dice que refugiado, no; prefiere definirse como «turista del cambio climático». Pero no le cabe duda de que la decisión que adoptó tras décadas constatando una tendencia invariable en los cambios meteorológicos que él mismo registraba, será seguida por miles a medida que el sur y el litoral mediterráneo se vayan desertificando.
«Yo no entiendo cuando aquí la gente se queja del mal tiempo. Es una bendición y quienes se quejan no entienden que se están convirtiendo en unos privilegiados», asegura mientras pasea por el paseo marítimo de Sada en un día encapotado, del que pocos vecinos presumirían a pesar de estar a mediados de febrero. Segarra disfruta de las bajas presiones y analiza científicamente hasta los detalles más nimios: «Es muy curioso lo de las persianas. En casi todos los edificios están dentro de la casa y no fuera, como ocurre en Cataluña. Puede que antes tuviera sentido porque, así, quedan más protegidas de las tormentas, hacen menos ruido... Sin embargo, en verano, si uno baja la persiana para que no entre el sol, se produce el mismo fenómeno que con el efecto invernadero: la ventana recibe la radiación del sol que le llega a través del cristal, pero no es capaz de expulsar el calor, porque el vidrio se lo impide. Así, la persiana se convierte en un calefactor». El pronóstico está claro: menos tormentas, más días de sol, mayor temperatura y, poco a poco, los constructores irán sacando las persianas al exterior; igual que construyendo más terrazas y balcones más amplios.
Pero, ¿qué pinta este catedrático de física que pasó la mayor parte de su vida en Manresa, sin ascendentes ni descendientes gallegos, instalado en Sada?
La franja cantábrica
«Cuando mi mujer y yo íbamos a jubilarnos, nos planteamos cambiar de domicilio y, al estudiar el destino, tuvimos claro que tenía que ser en la franja cantábrica, hacia donde se trasladan las mejores condiciones climatológicas». Y, puestos a elegir entre Galicia, Cantabria, el País Vasco o Asturias, Segarra miró también hacia el bolsillo: «Lo que tuvimos en cuenta fue qué nivel de vida podríamos tener con nuestra paga de funcionarios jubilados». Y ya hace cinco años que viven en Galicia: «Aquí salgo a dar un paseo y, por un euro, me tomo un corto y un pincho. En Cataluña, tal vez me costaría tres».
Algo tuvo que ver en su decisión sus viajes de juventud a Galicia: «Estuve en unos cursos de verano en el 50 y el 60 y me enamoré de este país. Al catalán medio le encanta Galicia, y no solo por la gastronomía. En mi opinión, existe una corriente de admiración mayor desde allí hacia aquí que al contrario». En cualquier caso, Segarra, hoy un caso singular, profetiza un éxodo masivo hacia la comunidad: «Yo no voy a ver el cambio climático definitivo, pero puede estar seguro de que en un futuro no muy lejano este va a ser un país de refugiados del calentamiento global».