Esencia de los centros de divulgación

F.? M.

SOCIEDAD

18 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

«Prohibido no tocar, prohibido no pensar, prohibido no sentir, prohibido no soñar». Estos cuatro lemas son las señas de identidad de los 23 centros de divulgación científica existentes en España que conforman la red museística que tendrá en A Coruña su sede central. Aprovechando la presencia de la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, ayer en la ciudad, la Domus inauguró la exposición Museos para el futuro, un compendio de módulos interactivos y piezas emblemáticas de cada uno de estos 23 centros. Una especie de resumen de contenidos de lo que se puede ver, oír y tocar en los museos científicos coruñeses y en el resto de sus hermanos.

Una escultura cinética de rocas movidas por un fino chorro de agua cedida por el Parque de las Ciencias de Granada da la bienvenida al visitante a la entrada de la Casa del Hombre. Ya dentro del espacio expositivo un ordenador muestra un mapa donde aparecen localizados los distintos centros participantes y a través del cual se puede acceder a una detallada información sobre ellos. Desde lo más profundo de la tierra, como la falange del mayor dinosaurio encontrado en Europa, del Dinópolis de Teruel; hasta objetos llegados del espacio, como el meteorito de 106 kilos caído en Granada en 1912, cedido por el Museo Nacional de Ciencias Naturales, todo el universo está resumido en estos museos, donde lo único que se requiere para disfrutar de la ciencia es la curiosidad. De ahí lo de «prohibido no tocar». Hasta la vitrina que contiene la roca extraterrestre cuenta con unos agujeros por los que introducir los brazos. Todo a disposición de los sentidos, porque incluso el oído tiene su módulo, con una gramola informática que contiene canciones desde 1955 y que pone a prueba la memoria del visitante con preguntas sobre la autoría de las músicas.

Todo esto se acompaña de una serie de paneles en los que se ofrece una descripción de cada centro. Información y sorpresa a partes iguales en esta muestra que reta al visitante a desempolvar su capacidad de asombro con módulos como el cedido por el Principia Centro de Ciencia de Málaga, en el que se puede comprobar que, en contra de toda lógica, es posible caer hacia arriba.

La exposición inicia así en A Coruña un recorrido por todas las ciudades que cuentan con un centro de popularización de la ciencia, aunque según señalan los organizadores, también está abierta la posibilidad de que termine recalando en cualquier localidad en la que «se busque despertar el interés de la sociedad por este tipo de iniciativas».