A partir de hoy en las iglesias se podrá celebrar la misa en latín, según el antiguo rito de san Pío V, tal y como establecía el documento papal del pasado 7 de julio.
El retorno de la misa en la lengua antigua, tan deseada por los sectores más conservadores de la Iglesia, no parece agradar a la mayoría, aunque hasta ahora son pocos los que se han opuesto abiertamente a la decisión papal, el motu proprio. Entre los que la han criticado están la Congregación Religiosa de los Dehonianos y la Asociación de Liturgistas, en la que se encuentran los docentes y estudiosos de liturgia de las universidades pontificias y de los seminarios.
Según el documento de crítica «constructiva» redactado por esta asociación, las dudas de los especialistas se centran en el general desconocimiento del latín y del rito tridentino y en cómo los fieles que soliciten este rito participarán en la vida «normal» de la parroquia.
Las críticas de los dehonianos aparecen en el editorial de su periódico Settimana , donde se preguntan si con la dispensa papal al rito tridentino «no se concede de hecho también una dispensa al Concilio Vaticano». Con el motu proprio, afirman, «existe el riesgo de avalar una especie de conquista de las iglesias» por parte de los lefebvrianos (seguidores del cismático arzobispo Lefebvre).