La ciudad del millón de turistas

Rubén Ventureira

SOCIEDAD

La invasión inglesa acerca A Coruña a su objetivo numérico de visitantes mientras las fiestas más largas de Galicia acaban con un batido de música clásica y popular

26 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

A Coruña tiene vocación millonaria. Alvedro rebasó en el 2006 el millón de pasajeros y volverá a hacerlo antes de que Ramón García nos dé las campanadas. Los museos aspiran este año a superar por primera vez el millón de visitantes. Y el Ayuntamiento quiere que este 2007 pase a la historia como el del millón de turistas. Si se consiguen estos tres logros será, en gran medida, gracias a la invasión inglesa. Cuatrocientos y pico años después de que Drake se topase con la arrichada María Pita, los súbditos de la Queen vuelven a tomar la ciudad, esta vez con muy buenas pulgas.

Vuelan barato desde Londres y llenan los museos científicos, porque el que aterriza vía Heathrow es turismo familiar, parejas con niños a los que les asombra el Octopus' Garden del Acuario, a cuya inauguración Paco Vázquez quiso traer a Paul McCartney, que finalmente no vino porque cobraba un millón (de euros) o así. Nada que ver este inglés que visita A Coruña con su compatriota de Mallorca, más homínido, que busca lo que los Stones aportaron más que los Beatles de Paul: sexo, drogas y rock?&?roll. En Riazor, recogiendo conchas, nos encontramos a Barbara Hall, de 85 años, creadora de los crucigramas del The Sunday Times y miembro de la Orden del Imperio Británico, como Paul McCartney y Paco Vázquez.

Quizá no hay un millón de razones para que los turistas visiten AC, aunque, como un coruñesista se ponga al asunto, dará con ellas aunque le lleve una vida. Entre ellas citará sus fiestas, largas como un día de agosto sin cerveza bien tirada. Ya acaban, al son clásico de la Sinfónica y al popular de la romería de Santa Margarita, de lo que resulta un batido cultural pintoresco. Pasó Alejandro Sanz, y trajo a los paparazis, algo que en este verano coruñés sólo había conseguido la familia de Francisco Franco en su pazo de Meirás, ¡de Meirás!, que comparte canción con la Liga Armada Galega. Y hablando de Liga, empieza hoy la de fútbol en el tapete de Riazor. Entre ese hipotético millón de argumentos para visitar la ciudad el buen fútbol fue, en tiempos, uno de ellos, pero la cultura del pelotazo ha vaciado el estadio municipal.

Encontramos muchas razones extrafutbolísticas en la guía turística de mano que reparten en una de las terrazas modelo invernadero de la plaza de María Pita. Los 242 escalones de la torre de Hércules, la trilogía científica de Ramón Núñez, la quietud secular de la plazuela de las Bárbaras, el barco de madera de las galerías, la espalda de arena de Orzán y Riazor... Es A Coruña observada, la dermis urbana.

Pero hay una epidermis, una Coruña inobservada , que diría un guía italiano, una Coruña sólo conocida por los hijos de María Pita donde caben el rompeolas del dique de Abrigo, la fachada del cementerio inglés, el concierto de los miércoles de Rockers Goes to Hell, los atardeceres de O Portiño y los anocheceres de las Lapas y, sobre todo, las aceras estrechas de la Torre y otras vías señeras, hitos urbanos que dan una dimensión humana a la ciudad, pues, por reducidas, fomentan el contacto de dermis. «Es algo que también pasa en Venecia», presumen los coruñeses.

Incluso hay una A Coruña inobservada dentro de la observada, como el aljibe del museo Arqueológico, el módulo de medusas de la Casa de los Peces o el fantasma del jardín de San Carlos, que es el de lady Hester Stanhope, quien formó dúo amoroso con sir John Moore. Ambos eran británicos, como no podía ser menos en Million Pound Baby, o sea, en A Coruña.