Continuará la misión iniciada por «Spirit» y «Oportunity» para determinar si alguna vez existió vida allí
04 ago 2007 . Actualizado a las 12:49 h.Washington | Si en enero de 2004 dos vehículos de la NASA, Spirit y Oportunity, sorprendieron al confirmar que Marte había albergado agua en un pasado remoto, desde entonces la teoría de que en el astro vecino podría haber surgido alguna fuente de vida a lo largo de su historia obsesiona a investigadores de todo el globo. Ahora, la agencia espacial estadounidense pretende arrojar luz sobre este misterio lanzando hoy su primera misión no tripulada destinada a analizar muestras de hielo marciano. Con un presupuesto de 420 millones de dólares, la nueva misión correrá a cargo de la sonda espacial Phoenix, responsable de la recogida y análisis de muestras, así como de la interpretación del ciclo climático del área.
Impulsada por un cohete Delta II Phoenix, que al cierre de esta edición tenía previsto su despegue a las 9.26 horas GMT tras ser retrasado por un problema de mantenimiento, tardará aún 10 meses en aterrizar y, antes, deberá recorrer más de 680 millones kilómetros a una velocidad de 23.000 kilómetros por hora. Cuando se encuentre a mil metros del suelo, la nave se posará suavemente sobre la superficie, al haber desplegado antes un paracaídas y llevar unos motores especiales -y no de un sistema de airbag como se utilizaba hasta ahora-. Esta es una de las novedades que la NASA ha incorporado en la sonda espacial.
Otra de las diferencias principales respecto de las misiones anteriores es que Phoenix no realizará excursiones de reconocimiento: «Se trata de un proyecto vertical, hasta ahora nuestras naves han tratado de investigar en horizontal, pero esta vez queremos centrarnos en los detalles», aseguraba hace unos días Peter H. Smith, quien es uno de los responsables del proyecto.
Para llevar a cabo el estudio, la nave utilizará un brazo robótico destinado a perforar y obtener muestras de hielo. Tras esta operación, que se realizará a lo largo de un día marciano, cuya duración supera a los de la tierra en 40 minutos, Phoenix desplegará y encenderá el analizador térmico y de gas (TEGA): equipado con un horno de alta temperatura y un espectrómetro, para determinar la composición química de diferentes elementos, la misión del TEGA es la de analizar los ochos tubos de hielo aportados por el brazo robótico.
Una de las pruebas a las que se someterá a las muestras es la de hacer que cambien de estado, para averiguar su composición molecular. También se mezclarán cuatro de las muestras con elementos químicos para intentar extraer sulfatos o carbonos, cuya presencia puede propiciar o retraer la formación de organismos vivos.
Por último, la nave activará sus dos microscopios, capaces de aumentar hasta mil veces su tamaño cualquier elemento extraño en el hielo.