Análisis Los expertos creen positivo que la Xunta apueste por la investigación aeroespacial, pero ven excesivamente costoso e innecesario el lanzamiento de un ingenio orbital
22 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Ya nada es igual desde que el 4 de octubre de 1957 la antigua Unión Soviética pusiera en órbita al Sputnik . Cuarenta años después, la sociedad actual sería inconcebible sin la revolución tecnológica, trasladada a la vida cotidiana, aportada por los satélites. Meteorología, cartografía, exploración del Universo, televisión, telefonía móvil, Internet, seguimiento de incendios, cosechas y catástrofes naturales, navegación marítima y terrestre... Multitud de actividades no se podrían realizar hoy en día sino fuera por la existencia de estos ingenios artificiales que orbitan sobre la Tierra y de los que actualmente hay más de 5.000 en funcionamiento, la mayoría con fines comerciales dedicados a las telecomunicaciones. En esta nueva constelación aún no existe ningún satélite gallego. ¿Es factible que una comunidad como la gallega pueda contar con un ingenio propio? Desde el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (Inta) constestan con otra pregunta: ¿Por qué no? Los expertos consultados por La Voz no ven descabellado el estudio de viabilidad planteado por la Fundación Galega para a Sociedade do Coñecemento para la puesta en marcha de un satélite de cota baja cota, aunque con importantes matices. «Sí, siempre que los objetivos y sensores a bordo no estén ya duplicados en otras misiones espaciales y se asegure un retorno a la sociedad, tanto en el aspecto de mejora real de comunicaciones o avance del conocimiento», explica José A. Sobrino, natural de Outomouro (Ourense) y uno de los doce miembros del Programa de Observación Terrestre de la Agencia Espacial Europea (ESA) y supervisor del primer satélite de observación de la Tierra que España pondrá en órbita en el 2011. Desarrollo tecnológico En una línea parecida, José Luis Fernández Carnero, director de Estrategia de Televés, coincide en que, más que en tener un satélite propio, lo interesante es la vía que se abre para el desarrollo tecnológico en áreas innovadoras que aportan valor añadido. «En Galicia -apunta- hai empresas punteiras e é necesario unha aposta polas tecnoloxías emerxentes». Hasta aquí el acuerdo. Pero las divergencias aparecen cuando sobre la mesa está la propuesta de lanzar un satélite propio de cota baja para dar acceso de Internet de banda ancha a la población gallega. Antieconómico, inviable o sin sentido son algunas de las objecciones planteadas por los expertos a un proyecto que duplicaría un servicio que en la actualidad ya ofrece el operador de satélites español Hispasat. Sus ingenios dan cobertura a la comunidad, por lo que de lo que se trataría sería de contratar sus servicios y retransmitir su señal vía terrestre a través de la importante red pública de reemisores Retegal, que también se podría emplear para el desarrollo de una red Wimax combinada con wifi. Ésta última es una de las soluciones mejor valoradas. Existe otro problema no menos importante. Un satélite de cota baja, situado a una altura de entre 200 y hasta 2.000 kilómetros, no mantiene su posición fija sobre el área a la que da cobertura, por lo que no es el más adecuado para promover la banda ancha, salvo que en vez de uno se instale una red de satélites, algo muy improbable. Con una sola unidad, el servicio que se prestaría apenas sería de unos minutos al día. Muy caro Para una cobertura completa sería necesario un satélite de órbita terrestre geoestacionaria (GEO), que se mantiene fijo. Sólo tiene un problema: su precio. El último lanzado pos Hispasat costó 325 millones de euros.