Millares de personas se congregaron para vivir con fervor la primera cita de una de las fiestas más concurridas de Galicia. Allariz recuerda durante nueve días a Xan De Arzúa
02 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Tres bombas al aire indican que la Proba do boi está a punto. Miles de personas esperan en el campo de A Barreira, aunque barreras no hay entre el animal y los congregados. De repente, polvareda y gritos. «¡Que vén o boi!», se escucha. Y la muchedumbre sin control inicia una carrera hacia ninguna parte que termina en: «¿Si no venía para aquí, para qué corremos?». Lo cierto es que el boi impone respeto. Marrón, grande y muy cabreado. Un grupo de hombres se encarga de sostener la cuerda que, colocada entre los cuernos, impide que el animal como loco embista lo que se encuentre a su paso. Las peñas permanecen unidas, aunque de vez en cuando los sustos las separen. Hijos, padres y abuelos. De Ourense, Galicia, España y Portugal. Los presentes son heterogéneos y en eso consiste la fiesta, en hacerla de todos y para todos. La praza del Concello es el siguiente destino del animal. Y las calles estrechas de la villa se llenan de personas que temerosas se quedan en el medio del camino, bien para defenderse del animal o para empezar a abrir boca en algunos de los locales dispuestos a su paso. La Festa do Boi que comenzó ayer en Allariz se ha convertido ya en el referente de la villa. Hasta el domingo 10 de junio la fiesta no parará en Allariz que, incluso en la apariencia de sus calles, ha retrocedido al Medievo, 690 años antes de hoy para recordar la hazaña del hidalgo Xan de Arzúa y su victoria sobre los judíos. Atrás quedaron esas hazañas y esos sentimientos contra los judíos, porque la fiesta se ha tornado en un acto de confraternización en el que se une gente proveniente de todas partes para, simplemente, pasar jornadas de troula. Los que ayer no pudieron acudir a la Festa do Boi tienen todavía oportunidad de vivir en primer persona lo que significa. Hoy regresa la fiesta. Al mediodía, una procesión pagana hará viajar a los presentes a 1317, a la procesión del Corpus, cuando Xan de Arzúa encabeza una marcha a caballo de un buey guiado por sus criados, para evitar que los actos del año anterior -los judíos habían blasfemado contra los católicos- se repitieran. Su presencia espantó a los judíos de la misma manera que ahora la presencia del boi lo hace con los que acuden a la cita. A las ocho de la tarde horas se repetirá la Carrera medieval do boi . La fiesta seguirá toda la semana y será el fin de semana que viene cuando se despida a lo grande por un año más.