Crónica | Un ejemplo de superación Una joven riojana que sufre parálisis cerebral de nacimiento y una discapacidad del 80% obtiene el número uno en las oposiciones para psicólogos internos residentes
03 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.De los mil licenciados en psicología que se presentaron a las últimas oposiciones para psicólogos internos residentes (PIR), el número uno le correspondió a la riojana Mercedes García Laso. La noticia no tendría nada de especial si esta joven de 31 años y expediente académico envidiable no sufriera una parálisis cerebral de nacimiento y una discapacidad del 80%. A pesar de su condición, esta mujer asegura que nunca se ha rendido ante las dificultades y se confiesa dispuesta ejercer su profesión por encima de todo. «Lo que me hace ilusión es trabajar», afirma. Mercedes García Laso, nacida en Logroño hace 31 años, tiene dos licenciaturas, en Farmacia -con uno de los cinco mejores expedientes de su promoción en la Facultad de Pamplona- y en Psicología en Salamanca. «No me gusta estudiar, pero siempre he sido buena en ello», asegura. Sin embargo, la universidad ha sido el lugar en el que, probablemente, más ha podido demostrar la fuerza de su carácter y su afán para superar las dificultades de movilidad y para escribir. Una silla de ruedas eléctrica y el ordenador le facilitaban el trabajo. «Y también las amigas con las que vivía me ayudaban cuando necesitaba algo, aunque al hacer algún papel o hablar con un profesor nadie podía ayudarme, eso es algo personal», explica. «La universidad me cambió la vida», asegura, ya que a los 19 años superó «la etapa más difícil, la adolescencia» cuando no se atrevía ni a bajar a comprar el pan, por vergüenza. Vocación de psicóloga Antes «había sido una niña muy alegre, no tuve problemas con los otros niños» aunque admite que estaba «todo el día por el suelo». Su estancia en la Universidad de Navarra descubrió su vocación de psicóloga. «La gente venía a hablar conmigo, me contaba sus problemas y yo no sabía por qué, quizás porque tengo empatía, me pongo en el lugar del otro», razona. «Desde entonces empecé a leer sobre psicología y una amiga que ya ejercía esa profesión me habló de su trabajo», por lo que convenció a sus padres para matricularse en la Universidad de Salamanca. Aunque trabajó duro, los fines de semana salía -«¡Estaba en Salamanca!»- y llevaba una vida totalmente normal.