Cuando tenía doce años decidió que, de mayor, quería ser como el cura de su pueblo. Hoy la asociación Mensajeros de la Paz, que preside, está presente en 35 países. En Ourense habló de los mayores gracias al programa Viradeiras. -¿No los cuidamos porque no podemos o porque no queremos? -Porque no queremos. Uno saca tiempo para ir al fútbol, al gimnasio... pero no para ir a ver a su madre. Estamos en una sociedad en la que a veces damos más importancia a lo práctico (tener más dinero o más salud) que a ir a acariciar a una abuela. -¿Cómo valora la adopción internacional? -La adopción debería ser nacional: tendríamos que trabajar para que los niños pudiesen ser adoptados en sus propios países. Pero si no puede ser, benditos sean los que van a adoptar allí. Lo mejor sería conseguir que los padres pudiesen seguir teniendo a sus hijos. Hay muchas mamás que no quieren tirar a sus hijos a la basura, sino que las ayuden. -¿Qué importa más, que un niño tenga dos padres o que tenga una familia? -Si yo tuviera un sobrino y me preguntaran quién prefiero que lo adopte diría que una pareja heterosexual, estable, con medios... Pero quién soy yo para decir que no puede adoptar un soltero. ¡Cuántos lo han hecho! ¿Por qué no van a poder adoptar dos solteros, o dos que viven juntos, o dos que están legalmente unidos? Decir que no es ser muy hipócritas. -¿Siente que es incómodo para la Iglesia? -Soy incómodo, pero leal. Acato lo que dice, pero con los pies en la tierra. Ante el sida digo que hay que poner todos los medios posibles para no contagiarse. Y nadie me puede decir que eso es una barbaridad.