Unión cristiana para evitar un cisma

Manuel Allende LONDRES | CORRESPONSAL

SOCIEDAD

Análisis | Los anglicanos debaten si aceptan al Papa El intento de acercamiento de la Iglesia anglicana a la católica tiene su origen en los escándalos que ha vivido a raíz de la ordenación de obispos gais y de mujeres

24 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

La Iglesia de Inglaterra se separó de la de Roma en 1534 por la oposición del Vaticano al divorcio del rey Enrique VIII y su esposa, Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. Por el llamado Acto de Supremacía, Enrique VIII se autoproclamó cabeza de la Iglesia de Inglaterra, título que han ostentado luego sus sucesores. Ahora, 473 años más tarde, ?se habla de reunificar las dos doctrinas bajo la dirección del obispo de Roma. El motivo de la supuesta unidad cristiana es el de evitar un cisma en la Iglesia anglicana. El documento es el fruto de la comisión que se formó en el año 2000 y su conclusión llega en un momento de enorme incertidumbre y tensión en el seno de la Iglesia anglicana. Por este motivo, los líderes anglicanos de todo el mundo -alrededor de 48 obispos, incluida la cabeza de la Iglesia episcopaliana de Norteamérica, la obispa Katharine Jefferts Schori- están reunidos en Dar es Salam (Tanzania). En líneas generales, esta sería la radiografía de una crisis que amenaza con la ruptura del anglicanismo. Obispo homosexual En el 2003, la Iglesia episcopaliana de Estados Unidos -denominación de los anglicanos en dicho país-, que, junto con la canadiense, la australiana y la europea, es la más liberal, nombró obispo al reverendo gay Gene Robinson, quien convive con su pareja. En junio del 2006, esta institución nombró a una mujer obispa, Katharine Jefferts Schori, como cabeza de la Iglesia episcopaliana. La doctrina de la Iglesia anglicana reitera, desde el concilio de los obispos en 1998, que el sexo debe estar limitado a las parejas heterosexuales. También se indica que los gais son hijos de Dios y miembros de la Iglesia, pero que el comportamiento homosexual es «incompatible con las Escrituras». La Iglesia episcopaliana retó estas directrices doctrinales en el 2003, con los nombramientos de Robinson y Schori. Acercamiento Al oponerse a la ordenación de sacerdotes homosexuales y de mujeres, los sectores más conservadores de la Iglesia anglicana, las iglesias de África, Asia y Sudamérica, se han acercado últimamente a la Iglesia católica, en la que existe un rechazo frontal a estas prácticas. En los últimos tiempos, decenas de sacerdotes anglicanos se pasaron a la confesión católica tras la ordenación de mujeres. Aunque muchos de esos sacerdotes estaban casados, el Vaticano no puso impedimentos. Unidad A pesar de que el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, apoyó en su momento la interpretación liberal de las escrituras en lo que respecta a la ordenación de sacerdotes homosexuales, dejó claro que la unidad de la Iglesia debe anteponerse a la autonomía provincial. Y es esta falta de un órgano gestor central de la Iglesia y una excesiva libertad de las iglesias regionales del mundo la génesis de la crisis que vive en la actualidad el anglicanismo. La comunión anglicana, que tiene sus raíces en la Iglesia de Inglaterra, está compuesta por 38 sedes o regiones con gestión autónoma. En EE.?UU. tiene incluso otro nombre (Episcopalia). La Comunión anglicana no cuenta con una figura central aglutinadora como el Papa (el arzobispo de Canterbury solo cuenta con una autoridad moral sobre las otras 37 iglesias). Y en todas ellas, aunque comparten una misma fe, las prácticas son muy distintas unas de otras. El acercamiento entre ambas comuniones se remonta a más de una década.?La idea de la aceptación del primado universal de Roma, compatible con las aspiraciones de las demás confesiones cristianas, ya fue propuesta por la encíclica de Juan Pablo II Ut unum sint , de 1995. Diálogo Luego, el diálogo entre católicos y anglicanos dio lugar al documento Don de la autoridad , que proponía que el Papa hablase en determinados asuntos en nombre de toda la cristiandad. Ahora se trata de aceptar su primacía.