Nueve expertos analizarán hoy en A Coruña la vinculación entre la psicosis y el arte a lo largo de la?historia y de todas las disciplinas
22 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.¿Es necesaria cierta dosis de excentricidad, de locura social, para ocupar un puesto en el reino de los genios? ¿O es que la creatividad en estado puro lleva a la locura? ¿Pueden crear los orates? Son muchas las preguntas que relacionan enfermedad mental y arte, un asunto que preocupa a los psiquiatras ya desde el siglo XIX y que todavía no se ha aclarado completamente. El servicio de salud mental del Hospital Juan Canalejo de A Coruña, con Luis Ferrer al frente, apuesta por mirar las enfermedades del alma de una manera diferente y el arte es un conducto que unifica a cuerdos y orates. Por eso, durante todo el día de hoy se celebra en el sanatorio marítimo de Oza, perteneciente al Complejo Hospitalario Juan Canalejo, unas jornadas que pretenden ofrecer una imagen diferente de la esquizofrenia, y vincularla con las distintas expresiones artísticas. Un recorrido por el mundo de la locura y su creatividad de la mano de importantes especialistas que está abierto al público y que ofrecerá una visión diferente de los enfermos. Válvula de escape Nueve conferenciantes explicarán cómo la historia ha dado locos egregios y cómo muchos artistas han creado para explicar sus contradicciones, evitando así hundirse en ellas, como le ocurrió a James Joyce. Para el autor irlandés, explica Luis Ferrer, la compulsiva escritura del Ulises le permitió expresar su mundo interior sacándose el tormento que le suponía. Otra vinculación estrecha entre locura y arte es el del colectivo pictórico arte bruto, compuesto por enfermos psiquiátricos (muchos ingresados en centros) y convictos. Brotes poco creativos Al margen de estos casos puntuales, los psiquiatras mantienen que cualquier patología anula la creatividad y hay muchos casos, con Van Gogh o el matemático John Nash entre los más destacados, en los que los brotes psicóticos reducían a los genios a un estado tal que les resultaba imposible ofrecer nada nuevo. Sí aceptan los especialistas que la genialidad supone muchas veces una personalidad excéntrica, egoísta o centrada en su trabajo, pero eso no supone una patología en sí misma. Ocurre lo mismo que con la melancolía y los espíritus atormentados tan en boga en el siglo XIX: entre el dolor de vivir y una depresión profunda hay un trecho que, de cubrirse, impide cualquier actividad. Lo que sólo los psiquiatras tienen claro es quién reúne todas las características para oscilar entre el hospital y el museo.