Las langostas ya no tendrán que sufrir

Víctor E. Rodríguez MONTREAL

SOCIEDAD

SIMÓN BALVÍS

Un inventor británico construye un dispositivo para aturdir a los crustáceos antes de la cocción y una empresa canadiense lo comercializa ante la buena acogida de la idea en el Reino Unido

21 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El célebre Picadillo, autor de un tratado de cocina práctica considerado por muchos como la auténtica biblia de la cocina tradicional gallega, recuerda que «para cocer la langosta es necesario colocarla viva y fuertemente atada en un recipiente a propósito, cubrirla de agua, salándola abundantemente. Hecha esta operación se coloca el recipiente al fuego y, cuando el agua ha hervido por espacio de cinco o seis minutos, se retira y se deja enfriar». El problema es que, al parecer, este método lleva a los crustáceos a una muerte lenta y dolorosa. Para hacer frente a este dilema -cómo disfrutar de un buen salpicón de langosta sin sentirse culpable-, Simon Buckhaven, un inventor británico preocupado por los derechos de los animales, ideó hace un par de años un dispositivo que permite cocer langostas, centollas y bogavantes sin que estos experimenten dolor alguno durante el proceso. Presente en el mercado británico con una versión doméstica, el CrustaStun (que viene a ser algo así como «aturdidor de crustáceos») parte de una idea simple. Un dispositivo eléctrico, incorporado al tanque en el que se guardan los crustáceos, emite una descarga que deja a los animales aturdidos e insensibles al dolor. A partir de ahí, el proceso de cocción apenas difiere de los mandados de Picadillo. La presión de los consumidores británicos es tal que ha llevado a la empresa canadiense Charlottetown Metal Products a desarrollar una versión industrial, indicada para cocederos de marisco y que permite procesar entre 1700 y 2200 kilos por hora. Desde la empresa dicen que el interés en Europa continúa en aumento, pero no han podido confirmar si alguna compañía gallega ha preguntado ya por el invento de Buckhaven. Quienes tampoco confirman la necesidad del invento son los científicos, que no se muestran convencidos sobre la capacidad de los crustáceos para sentir dolor -recuerdan la facilidad con que estos pueden desprenderse de un miembro cuando se ven acosados- ni tampoco sobre si la electrocución es, al fin y al cabo, un procedimiento más humano que la cocción directa.