EL CAMBIO climático es como lo de Internet. Hoy no te lo crees y mañana lo tienes en casa. Que estamos acuchillando el globo con nuestras sofisticaciones no es novedad. Todos somos conscientes de esas puñaladas traperas. Ahora, otra cosa es que pase de ser una preocupación de salón. O sea, se sabe que el negocio va mal, pero a casi todo el mundo le importa un triste bledo. Mientras, la cosa empeora. Y ya lo estamos notando. Hasta la mítica matanza se resiente. El calor prorroga la sentencia al cerdo. No es un ejemplo frívolo, aunque pueda parecerlo. Es, quizá, el mejor botón de lo mal que pinta. De cómo el cambio climático ya se pega aquí sus taconeos. Y lo que queda. La pasada semana se podía leer en La Voz que los científicos anuncian aires mediterráneos para Galicia a finales de siglo. Se prevé un ascenso del nivel del mar de entre 50 y 90 centímetros a partir del 2070 y las temperaturas subirán 2,5 grados en el norte del país. ¿Las consecuencias? Se desconocen, pero las habrá. E irán más allá de que se retrasen las matanzas. Seguro. Otra cosa es que nos lo tomemos en serio. Todos. Pero quizá sea más sencillo perder el tiempo con tonterías. O pensar que en el 2070 muchos ya habremos cambiado de barrio. ¿Generalizar más el debate sobre el asunto? ¿Conjugar desarrollo y preservación? ¿Legislar? ¿Anticiparse? O eso, o pan y circo. Y que se apañen los que vengan detrás. Si da tiempo. Si no les queda una herencia envenenada.