Superinfractores

SOCIEDAD

MIGUEL Ángel Medina, el fitipaldi de Arucas , ha conseguido en unos días una enorme notoriedad. Tanta que ha sido víctima de ella. Cuando el otro día los guardias le echaron el alto, el fiti hizo gala de su recién adquirida fama -«¡Yo soy el primer español al que le han quitado el carné de conducir!»-. Y tan seguro de sí mismo estaba, que ni siquiera consideró dejar en el cenicero el porrete que se estaba fumando. A estas horas, el osado arucano estará reflexionando sobre lo efímero de la fama en la cárcel, donde pasará los próximos cuatro meses. En un lugar parecido acabará el camionero al que cogieron bebido, con el carné retirado hasta la próxima década y con una mujer para la que tenía una orden de alejamiento. Otro superinfractor; otro outsider . Estos dos personajes, que de pura inconsciencia nos arrancan una sonrisa, se singularizan por su absoluto desprecio por la ley. Cuando menos por alguna de ellas. Mientras nosotros vivimos mirando de reojo al cuentakilómetros, al coche patrulla, al radar fijo, ellos van por el mundo con la relajación que proporciona un 0,7 de alcohol en sangre. Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid y también protagonista de la sección que cierra esta página, se puso al mismo nivel que el fitipaldi de Arucas y el camionero superinfractor: cogió la ley del tabaco, se la pasó por el arco del triunfo y le dio la vuelta para que los madrileños sufran menos el mono que el resto de los españoles. Sin embargo, como tristemente sabemos, no todos los superinfractores acaban entre rejas.