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30 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Y SÍ, en plena preparación para el día de los muertos, el viernes de Halloween, días antes de las elecciones de noviembre, Bush se descuelga firmando el acuerdo para construir el muro entre Estados Unidos y México. Los chavales juegan pintarrajeados en la calle y se pelean sobre pedazos de piñata. Un muro material y virtual que atraviese Tejas, Nuevo México, Arizona y California, encerrando cada vez más a Estados Unidos dentro de su cárcel, pues es una cárcel lo que Bush está sellando con acero. Las encuestas afirman que casi un 60% de la población no apoya la iniciativa. Y es que, aunque tal muro no se llegue a edificar por falta de fondos, la idea de amurallar un país en sí misma, resulta insultante. Nos recuerda, dice el presidente Aguilar, al muro de Berlín, uno de esos símbolos de violencia inaudita que ya campan para siempre en el imaginario general. Por aquí, del otro lado del río Grande, nadie sabe nada, nadie dice nada, arrecia la campaña electoral pero la gente sólo piensa en cocinar calabaza, recopilar caramelos, terminar de maquillarse la cara como Freddy. Sí es cierto, los niños de alguna escuela han erigido un homenaje de cartón a las mujeres de Juárez, alguna viuda prepara chile muy picante para su marido muerto, se oye circular la música que amaba una difunta y los escaparates están llenos de calaveras de dulce. Aquí en Burque no lo sé, pero desde luego en Chihuahua, el día 31 nadie dormirá, pues las almas de los niños muertos bajan de los cielos a visitar a sus parientes y si te pillan durmiendo pueden arrebatarte el alma. Los adultos bajan de visita el día 2.