Negligencia

SOCIEDAD

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27 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

«VOSTEDE xa ten o seu Prestige , señor Touriño». La frase de Núñez Feijoo sonó al alivio de quien lleva tiempo buscando la revancha. Fue el golpe que todo púgil quiere asestar en el flanco débil del contrincante. Con todo, la sentencia encierra el drama de Galicia. Encadenamos una catástrofe con otra: marea negra, incendios, inundaciones, playas enlodadas e inútil rifirrafe político. Catástrofes, no desastres naturales. Basta echar un vistazo a la hemeroteca para comprobar que la ruina de los bancos marisqueros estaba en el guión. Tras la ola de incendios que calcinó el país, todos los expertos lo advirtieron: cuidado con la lluvia. Y la lluvia llegó, y arrastró el poco sustrato que quedaba en el monte, y llenó de ceniza los cauces de los ríos, y arrastró toneladas de lodos a las playas. ¿Se tomó alguna medida para hacer frente a un desastre previsible? Quizás se empiece a trabajar ahora y, dentro de cuatro años, la Administración disponga de un modelo sobre el comportamiento de las riadas. Como ya hay un modelo de comportamiento de las mareas negras, cuatro años después de la catástrofe del Prestige . Lo que no existen son garantías de que Galicia esté a salvo del chapapote. Sabemos que el fuego no arruina sólo el bosque. Que canalizar ríos y rellenar humedales trae consecuencias cuando llueve mucho. Hay propósitos expresados para acabar con un modelo suicida de ordenación territorial, pero ¿algún plan inmediato para cuando vuelva a llover como estos días?, ¿estrategias para que el bosque no arda el próximo verano? Lo raro es que Galicia haya resistido hasta ahora la histórica negligencia con que la tratamos.