COSAS QUE PASAN | O |
29 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.OTRO HURACÁN pasó esta semana por Galicia. No levantó tejados ni tronzó árboles. El vendaval de estos días, uno más de los muchos que han rugido en las dos últimas décadas, ha zarandeado un poco más las débiles raíces del país. Una constructora madrileña muy voraz, que está comprando toda cuanta parcela costera se le pone a tiro en Galicia, se lanzó el martes a adquirir acciones de Iberdrola. Aunque lo nieguen, la lógica lleva a pensar que lo que busca es una fusión con la que pudo haber sido la gran productora gallega de la energía y se quedó en sucursal de una distribuidora con sede en Madrid. Otra constructora radicada en la capital llegó el miércoles a un acuerdo con el propietario de la empresa que, junto con el gigante del textil, se había convertido en paradigma de la pujanza del empresariado autóctono. Y en medio de ese remolino de opas y pactos que descapitalizan la economía gallega asomó la suspensión del rodaje de la nueva película de Dygra. El motivo: falta de financiación para el proyecto de una productora en la que había puestas muchas esperanzas e ilusiones. Tras colocar en las pantallas de todo el mundo O bosque animado y Soño dunha noite de San Xoán , vimos que había posibilidad de competir en el sector audiovisual. El amplio horizonte de negocio, la cualificación profesional, la creatividad y el desarrollo tecnológico colocaban a Galicia en el mapamundi de la industria del entretenimiento. Pero se ve que el viento se lo llevó. Aún si las enormes plusvalías de operaciones que dejan millones pero se llevan industrias sirvieran para seguir haciendo películas...