Once más cinco

BLANCA RIESTRA

SOCIEDAD

| O |

11 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LA televisión americana lleva largo tiempo preparada para el gran día. Se suceden los telefilmes, las reconstrucciones, las entrevistas, las polémicas, los reportajes, las líneas de oración televisivas. El país entero trata de aclarar sus ideas, pero sólo sabe qué ocurrió. O peor, lo que sabemos es terriblemente descorazonador, más de lo mismo. Creíamos que todo iba a cambiar pero nada cambia nunca, esa es la lección que nos da la historia. ¿Lo recuerdan? ¿Qué estaban haciendo entonces? En Tombuctú, en Betanzos, en Helsinki, comíamos, reíamos, regresábamos del trabajo. Yo, en mi casa de Madrid, recién llegada de El Cairo, terminaba un reportaje en zapatillas, con los balcones abiertos al calor de septiembre. Mi primer atisbo fue a través de Google. Recuerdo perfectamente haber visto una imagen muy graciosa en el ordenador portátil: un avión de juguete se incrustaba en una maqueta de color. Pero luego llegó el otro. Y el mundo tal y cómo lo conocíamos se derrumbó. Dejándonos en estado de shock simbólico. Nadie hubiese podido planear una metáfora visual más poderosa. Pocas veces el mundo se da la vuelta, de esa manera, como un guante. Fue una epifanía, como ver un fuego, como ver la parte de atrás de las inocuas imágenes diarias. Una desesperación profunda, horrorosa, irreal, completamente apocalíptica. Y sin embargo, hasta la muerte se olvida. O quizás, la muerte es lo primero que se olvida: ¿no está por todas partes? Y en Nueva York pronto la zona cero desaparecerá cubierta por edificios futuristas.