Contaba el gran Eugenio (que en paz descanse) el caso de una pareja de la Guardia Civil de Tráfico que, siguiendo a un turismo, convino que el conductor era tan respetuoso con las normas que merecía una felicitación. Así que, en un momento dado, uno de los motoristas le dio el alto al coche y, antes de poder dirigirse al conductor, se encontró con que éste le pedía perdón casi llorando por no llevar encima el carné de conducir. Mientras lo observaba, la mujer, sentada al lado y un poco achispada, le recomendó al guardia: «No le haga caso, que mi marido va borracho». E, inmediatamente, para completar el cuadro, se oyó a la abuela rosmar en el asiento de atrás: «Ya decía yo que no iríamos muy lejos con un coche robado». No sé cuantos puntos le habrían quedado al hombre si el chiste se hubiera producido en el mes de julio pero. De entrada, no acreditar que se posee el carné de conducir conllevará pena de cárcel y superar la tasa mínima de alcoholemia costará cuatro puntos al menos y la cárcel en el peor de los casos. Quedan unos pocos días para que nuestro carné de conducir se convierta en un crédito sobre nuestro sentido común. Ganar diez segundos en una maniobra absurdamente peligrosa puede salir muy caro y la relajación al volante puede costarnos el carné antes de que nos dé tiempo a decir «Pamplona». Pero detrás de esta angustia hay una excelente noticia: todas las experiencias que se han desarrollado en Europa demuestran que descienden los accidentes y los muertos. Y es mucho peor perder la vida que quedarse sin carné.