DERROCHAMOS energía que es una barbaridad. Hace un mes que voy al gimnasio y a la piscina para recuperarme de una operación de menisco y desde entonces no me paran de rondar ideas por la cabeza. Subido en la bicicleta estática, rodeado de tipos y tipas sudorosas que no paran de pedalear me doy cuenta de que todo ese esfuerzo podría convertirse en electricidad instalando dinamos en las bicis. Lo mismo en todos esos aparatitos que parecen salidos de una sala de torturas medieval. Que si la cinta para correr, que si los extensores de brazos y piernas. Todo podría producir energía limpia y gratuita que, por ejemplo, podría aprovecharse para el uso de las propias instalaciones deportivas. Y tres cuartos de lo mismo en la piscina. Si aplicamos los descubrimientos de las energías maremotriz e hidroeléctrica podríamos artellar un sistema para aprovechar las olas que se forman cuando nadamos para producir kilovatios. Es así. Me sorprende que a nadie se le haya ocurrido esta idea. Más aún con lo cara que se está poniendo la factura de la luz. Aunque no es de extrañar. Por derrochar, en este país que vende sol y playa a sus millones de turistas llevamos años dejando perder miles de millones de euros en electricidad provenientes del buen Lorenzo. No me refiero a su vecino del quinto, que también es muy bueno, sino al astro rey. Al Sol, vaya. En estos tiempos de códigos Da Vinci y conspiraciones por doquier no sé por qué nadie sospecha que existe toda una gran trama para que paguemos a precio de oro y contaminando lo que podríamos tener casi gratis y sin cargarnos el planeta.