MEDIO FERRADO | O |
28 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LA PRIMAVERA reina y da sus frutos, y no sólo en los parajes de la Red Natura 2000. La naturaleza se explaya incluso en los bordes de los polígonos industriales. En el islote verde de una rotonda, una urraca recién salida del nido, con la cola aún sin estirar, mira apabullada para un tráiler que pasa, como sus antepasados pudieron mirar a un mamut. Por encima de las silveiras que rodean las parcelas productivas, las madreselvas lanzan su perfume a competir contra los humos de las fábricas de harinas de pescado y los quemaderos de vacas tolas, a la caza aromática de los bichos libadores que las harán fértiles. Y por debajo, aprovechando un hueco de la tela metálica, un grupo de gazapos como bolas de peluche sale al césped corporativo a comer brotes de hierbas y senecios. Una valerosa bandada de gorriones espanta de su criadero a un cernícalo de alas aguzadas, tan blanco que si no es de este año será del pasado. Tan sólo en la cúspide de la pirámide ecológica los frutos tendrán que esperar. Y eso que éramos los reyes de la creación. A los que ven documentales de animales, realities caribeños y películas de Tarzán les ataca como una nostalgia por la selva. Pero las Maripilis y sus respectivos Paquitos, también en plena flor, calculan a dónde llegan los sueldos y cuántas cuotas habrá que pagar para el piso en la residencial el Quinto Pino. Pronto oiremos a las parejas decir: «Qué ganas tengo de jubilarme para tener un bebé». Los altibajos del euríbor marcan el compás de nuestra danza de la fertilidad. Aristóteles hoy nos definiría de otra manera: «El hombre es el animal hipotecario».