Un árbitro malo

JUAN C. MARTÍNEZ

SOCIEDAD

MEDIO FERRADO | O |

07 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EL FÚTBOL es más que un deporte. También es una ciencia. Los que no sabemos nada de fútbol nos quedamos a veces con la boca abierta delante de los que saben. Por ejemplo, en una tertulia de televisión después de un día de fútbol. Varios árbitros han cometido tremendos errores. Pero uno de los que saben afirma que no hay que armar revuelo porque los árbitros se equivoquen, ni venir con inventos tecnológicos que les permitan comprobar cómo ha sido la jugada, porque lo mismo que hoy se equivocan contra ti, mañana lo harán a tu favor. Y la tertulia, poblada de otros sabios, tan sabios como el que ha dicho esto, calla y, por tanto, otorga. Considerando que en estas tertulias si hay tres opinantes acaban por aparecer cuatro o cinco opiniones contradictorias, el silencio resulta apabullante. Y significa que, en la segunda vuelta, los equipos afectados por un árbitro -digámoslo así, sin ánimo de ofender- malo, exigirán que vuelva a dirigir sus partidos otro árbitro igual de malo. Con lo que la ciencia futbolera expulsa al árbitro bueno, que acaba por alterar la justicia de la competición. Mientras sea fútbol, bien. Pero ante ese acuerdo tan unánime, uno se pregunta si este «efecto expulsión del árbitro bueno» no se producirá también en otros campos en los que muchos sudan y unos pocos persisten en el error. Sería cuestión de que nuestros probos economistas le echaran un vistazo, por eliminar dudas sobre la productividad de nuestra economía.