Hechos y figuras
19 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Pues diga usted que sí, doña Rita Barberá, que si una está al frente de una fiesta no puede menos que mostrar un poco de entusiasmo. ¡Arde Valencia!. Vamos, que hay que dar ejemplo. Sean las fallas o las fiestas de mi casa los viernes. Que eso de guardar la fría compostura está mucho menos in de lo que algunos nos quieren hacer creer. Claro que a la Barberá le ayuda la compañía. No cualquiera tiene de acompañante a Manuel Pizarro, el presidente de Endesa, que entre opa y opa aún tiene tiempo para darse un garbeo. Energía no le faltará, digo yo... Vale, chiste malo. Ayer fue el día mayor de las fallas, la última mascletà. Y me cuenta mi colega Manuela Mariño, que anda por allí, que retumbó la plaza del ayuntamiento como si se fuera a hundir. Eso debe ser lo más, porque el autor de la petardada, Rafael Terol, tuvo que subir al balcón del consistorio para recibir el aplauso. Pero si a la alcaldesa de Valencia no le falta entusiasmo, aún menos a los centenares de voluntarios que se desnudaron en Caracas para que el fotógrafo Spencer Tunick los retratara como vinieron al mundo. El artista norteamericano, que se ha hecho famosos por sus fotografías de desnudos masivos, eligió en la capital venezolana la estatua del héroe nacional, Simón Bolívar, para convertirla en testigo de su hazaña. A saber qué pesaría el libertador de América de esta puesta en cueros global. Tampoco sabemos si le gustó la idea al compañero Chávez, pero no le podemos negar a Tunick que no se aplique aquel refrán de «Donde fueres haz lo que vieres». En la nueva Venezuela bolivariana, sus desnudos son desnudos bolivarianos. Di que sí. Y por último una confesión. Si las dos noticias anteriores iban sobre el entusiasmo, esta última, tengo que admitir, me deja fría. El príncipe Carlos de Inglaterra, acompañado de Camila, va a viajar a El Cairo porque a la Universidad de Al Azhar le ha dado por investirlo doctor honoris causa. La cosa tiene su miga porque esa universidad es la antigua y la más prestigiosa de los centros de enseñanza de los musulmanes suníes, y la oposición ha puesto el grito en el cielo. Parece que Charles tampoco es muy popular por allí. Dice el imán que se le entrega el premio por «sus esfuerzos para animar el diálogo entre las religiones monoteístas». No le conocía a su alteza esa faceta.