Un juez condena a entre nueve y 12 años de prisión a la pareja que puso un apéndice humano en una hamburguesa de Wendy's para reclamar una indemnización millonaria
19 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.«La codicia y la avaricia se apoderaron de esta pareja y la llevaron a perder su sentido de la moral». Con estas palabras acababa ayer en California el mayor fraude perpetrado contra una cadena alimentaria en la historia de los Estados Unidos. El juez Edward Davila condenó a Anna Ayala y a su marido, Jaime Plascencia, a nueve y 12 años de prisión, respectivamente, por los delitos de fraude e intento de extorsión contra la cadena de hamburgueserías Wendy's. La historia del matrimonio conmocionaba hace unos meses a la opinión pública norteamericana y ponía en jaque al imperio de la comida rápida después de que la mujer asegurara haber encontrado un dedo humano en uno de los platos de la cadena. «Sentí repugnancia cuando mordí aquel pedazo de carne. Es una experiencia que no podré superar». Estas declaraciones en varias televisiones nacionales le dieron popularidad a Ayala, quien, con lágrimas en los ojos, explicaba a los periodistas cómo pensaba querellarse contra Wendy's por la incidente que había sufrido. Tras el impacto inicial de la noticia, su declaración fue puesta en duda, ya que la mujer contaba con numerosos antecedentes de intento de fraude y, además, ningún trabajador de la empresa había perdido un dedo durante el proceso de producción. Sospechas Cada vez más convencida del engaño, la policía de California acabó descubriendo el fraude: la propia Ayala había puesto el apéndice en el plato. Pero otra pregunta mantenía en la sombra a los oficiales: ¿de dónde procedía el dedo? La respuesta llegaba pocos días después con el descubrimiento de que el miembro pertenecía a un antiguo compañero de trabajo de su esposo, quien lo había perdido meses antes trabajando con máquinas pesadas. Al parecer, la pareja pagó 50 dólares para hacerse con él. La policía consiguió dar con la persona a la que pertenecía el apéndice gracias a una llamada al número habilitado por Wendy's, que incluso ofreció una recompensa de 82.474 euros a cambio de información sobre el caso. Pero, cuando el pasado mes de abril, las fuerzas del orden arrestaban al matrimonio, Wendy's ya había perdido más de 2,5 millones de dólares, así como su liderazgo como la tercera empresa de comida rápida de América. Para intentar compensar este agravio, el magistrado obligó a los cónyuges a pagar una indemnización de 22 millones de dólares a la compañía. A este respecto, el vicepresidente de Wendy's, Denny Lynch, ha declarado que sólo cobrarán la cantidad de 170.000 dólares, en concepto de los sueldos que los trabajadores del restaurante dejaron de percibir debido a la reducción de horas que fue impuesta en la empresa. «Los delitos cometidos por los acusados han hecho un daño inconmensurable a la imagen de Wendy's», dijo Lynch. Por su parte, Anna Ayala pidió disculpas a los trabajadores de la cadena. «Siento mucho lo ocurrido; éste siempre fue mi restaurante favorito», dijo.