SOMOS muchos más de los que señala Mariano con el dedo vendado. España, en realidad, está llena de bobos solemnes. Si no, no se entiende que seamos el país que más horas trabaja, para luego ser el que menos produce, y lo que es peor, el que tiene los sueldos más bajos. No es extraño que vistos desde fuera sigamos resultando pintorescos, que a veces viene a ser lo mismo que parecer un poco gilipollas. Ahora que el Estado (emulando iniciativas ejemplares de países civilizados como EE.?UU., donde puedes entrar en un bar con una recortada, pero no con un pitillo) se empeña en que fumar sea un peñazo ya no sólo para los que no fuman y aguantan los humos de los demás, sino también para los que lo hacen, debería ir maquinando nuevos retos para los años venideros. Por ejemplo, que a partir del 1 de enero del 2007 esté prohibido echarse la siesta después de comer, algo que se logrará mediante el decreto «horario continuado y punto», que para algo se inventó el sándwich y la manzana. En realidad, ese tipo de medidas no está muy lejos de convertirse en realidad, ya que no es lógico hacer una pausa de tres horas a mitad de la jornada que consigue alargar ésta hasta horas intempestivas. Eso sí, cuando eso llegue, esperemos que el Gobierno y los empresarios se acuerden de que el resto de la racional y rica Europa tiene un sueldo medio más de mil euros más alto que el de los bobos españoles que no saben organizarse.