Los Príncipes de Asturias comparecieron ante los medios en Lanzarote vestidos a juego de forma deportiva y muy pendientes de su primogénita, de dos meses
27 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.No defraudó. Durante su segunda aparición pública ante los medios de comunicación, la infanta Leonor no defraudó. Rubia, rubísima, la primogénita de los Príncipes de Asturias se presentó ante los más de treinta periodistas que la aguardaban en los jardines de La Mareta, en Lanzarote, ataviada con unos vaqueros azules y una chaqueta de lana de color blanco, ribeteada en tonos rojos. A punto de cumplir los dos meses de edad, sigue siendo igual de tranquila y dormilona que cuando salió de la clínica, a los pocos días de nacer. Sólo que en esta ocasión sí se le pudieron ver los ojos, de un azul intensísimo, igual que los de su padre. Con esta comparecencia es de esperar que acaben los rumores sobre la Infanta, y sobre el secretismo que, según dicen, rodeó su nacimiento. Rumores sin confirmar que algunos han querido magnificar, con el fin de aprovechar el tirón mediático que genera cualquier noticia que tenga que ver con el príncipe Felipe y su familia. Algo que, como es lógico, ha llenado de estupor a los padres de la pequeña, que, aunque estén acostumbrados a las críticas, no terminan de entender cómo se pueden lanzar exabruptos de ese tipo contra una criatura que no ha hecho mal a nadie, y que puede llegar a ser la futura reina de España, si, como prometió el presidente Zapatero, se reforma la Constitución. En su discurso de Nochebuena, el Rey comparecía ante los españoles a través de la televisión, y a aquellos que quieren ver más allá del primer plano, conviene decirles que detrás del Rey, en una mesita junto a la bandera de España, había una fotografía que tiene un gran significado, no sólo familiar, sino también institucional. En ella se podía ver al rey Juan Carlos y al príncipe Felipe llevando en brazos a la infanta Leonor. Las tres personas sobre las que se asienta la monarquía española. Los reyes despedirán el año -¡y qué año!- en la Zarzuela, pero no en el pabellón donde viven habitualmente, sino en la casa de su hijo, a escasos metros de la suya. Lo lógico, pues la Nochebuena la celebraron en el palacio de la Zarzuela. Lo dice el refrán, «el casado casa quiere», y doña Letizia quiere compartir con su propia familia y la de su marido la cena de Fin de Año. Como mandan los cánones.