«TAL vez sea corta, pero ni se nota». Éstas y otras absurdas frasecitas, firmadas por renombrados críticos cinematográficos para hacer la pelota a la última producción del cine iraní, son hábilmente reproducidas por las productoras y distribuidoras en los carteles publicitarios. Pero detrás de esta práctica inocente se escondía una realidad inquietante. Leo que un despacho de abogados de California ha planteado una denuncia contra Sony Pictures acusando a la productora de incorporar en los carteles promocionales de películas como El patriota o El hombre sin sombra las sospechosas citas, por supuesto elogiosas, de un crítico cinematográfico llamado David Manning. Una asociación denominada Ciudadanos por la Verdad en la Publicidad Cinematográfica -¿será una broma?- llevó a la Sony a los tribunales para desenmascarar al periodista. Pero lo extraordinario del caso no es que el crítico no estuviese en la nómina de la productora, sino que en realidad era pura invención. Los límites entre realidad y mentira en los medios de comunicación se difuminaron en los años sesenta, tras la publicación de A sangre fría . Truman Capote asesta allí una estocada de muerte al periodismo, que desde entonces está afectado por el virus de la verosimilitud. Como en el asunto Manning, hay ciertos tipos de periodismo empeñados no sólo en no contar lo que ocurre, sino en recrearse en lo que nunca sucedió. Pero bueno, estas cosas sólo ocurren en Norteamérica.