Benedicto XVI afronta el primer sínodo de obispos de su pontificado

María Signo ROMA | CORRESPONSAL

SOCIEDAD

El Papa criticó ante los asistentes la pérdida de la relevancia pública de Dios La Iglesia española está representada en Roma por Rouco, Blázquez y López Martín

02 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Con una solemne misa en la basílica de San Pedro, Benedicto XVI abrió ayer el sínodo de obispos que en esta ocasión tiene como tema «La Eucaristía, fuente y culminación de la vida y de la misión de la Iglesia». La ceremonia fue concelebrada por 55 cardenales, siete patriarcas, 59 arzobispos y 40 presbíteros. Durante la homilía, el Papa denunció la «hipocresía» de retirar a Dios de la vida pública resaltando que «allí donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y propietario de sí mismo, no puede haber justicia». Apocalipsis El Papa también advirtió que el juicio de Dios afectará a la Iglesia en Europa, a Europa y a Occidente en general y, evocando el Apocalipsis, pidió a los hombres que se arrepientan e invoquen a Dios para que les ayude a convertirse: «Dios no falla» aseguró el Papa, quien precisó que al final siempre vence el amor. El XI Consejo Ordinario del Sínodo de los obispos es el primero que se celebra bajo el pontificado de Benedicto XVI, aunque éste siempre ha estado presente como cardenal en los anteriores. 256 participantes provenientes de 118 países del mundo tomarán parte en las reuniones que se prolongarán hasta el 23 de octubre. De ellos, 55 son cardenales, 8 patriarcas, 82 arzobispos, 123 obispos, 32 presidentes de conferencias episcopales y 12 religiosos. Por parte de la Conferencia Episcopal Española participarán el presidente y obispo de Bilbao, Ricardo Blazquez; el arzobispo de Madrid, cardenal Antonio Rouco, y el obispo de León y presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia, Julián López Martín. Quienes no acudirán a las reuniones son los cuatro obispos católicos chinos invitados, a los que Pekín ha negado la autorización a viajar a Roma. Varias son las novedades introduccidas por Benedicto XVI. Una de ellas es la reducción a una semana de la reunión con la intención de tener a los obispos lejos de sus diócesis el menor tiempo posible. Otra novedad consiste en el aumento del número de representantes ecuménicos, que pasa de seis a doce, así como la introducción de una hora al día en la cual los participantes podrán debatir libremente sobre diversos temas. A las reuniones está previsto que asista el Papa y hay curiosidad por saber cual será el espíritu que éste dará al sínodo y si los participantes podrán abordar con libertad los temas que les preocupan.