La Jornada Mundial de la Juventud despierta una inusitada expectación en Alemania, donde las revistas «pop» juveniles reparten pósters con la imagen del Sumo Pontífice.
16 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando los jóvenes alemanes compren hoy la popular revista Bravo se encontrarán con una sorpresa. En vez del póster de Bono o de Madonna, tendrán en sus manos una imagen gigante de Benedicto XVI. Es la primera vez en casi cincuenta años que esta revista juvenil se interesa por el Papa. «Es algo excepcional», reconoce su redactor jefe, «pero también se trata del primer Papa alemán en 482 años, y son cientos de miles de jóvenes los que acuden a Colonia a este evento». Del casi medio millón de peregrinos, que ya ha confluido a orillas del Rin, la mayoría son italianos. Y no hay duda de que si Joseph Ratzinger no fuera un bávaro y las Jornadas de la Juventud no se celebraran en el corazón de la cuenca del Ruhr, el número de teutones sería bastante menor. Porque la Iglesia alemana experimenta desde hace décadas una fuga de feligreses. Apenas una cuarta parte de la población alemana se declara católica, las parroquias están cada vez más vacías y el número de vocaciones sacerdotales decrece año tras año. Esperanzas Ahora, todas las esperanzas están puestas en el tirón que esta semana dé Benedicto Superstar , como ha bautizado el prestigioso semanario Focus al papa Ratzinger. ¿Una cumbre cristiana convertida en festival pop? Los propios jóvenes reconocen que vienen «para divertirse y compartir». Sólo un 20% asegura acudir por motivos religiosos. Aunque también es cierto que el factor Papa funciona como un imán. La imagen del pontífice católico es omnipresente estos días en Colonia, Düsseldorf y Bonn, donde se centran los eventos hasta el domingo, con piruletas, cerveza, llaveros, bolígrafos y camisetas con las imágenes del nuevo Pontífice. Mochilas El menú del peregrino, tan familiar en Galicia, aquí se llama Pilger Teller . En las calles colonesas prima el uniforme de chubasquero rojo (el tiempo no termina de acompañar) y las mochilas azul cielo. Contienen desde pañoletas a librillos de oraciones y rosarios, pasando por diccionarios a base de pictogramas y cancioneros en varios idiomas. Lo que no deberían tener esas mochilas son condones, pues los preservativos están prohibidos por la organización. De nada les ha servido a los grupos críticos, como Somos Iglesia, recordar que en Roma, hace cinco años, la explanada en la que se celebró la misa multitudinaria apareció llena de condones usados. Esta vez lo más probable es que algunos jóvenes se salten la norma, a pesar de que la Iglesia rechazó incluso una oferta de la policía local para repartirlos gratis.