Las mafias llegan a pagar hasta 1.600 euros más los gastos por el transporte de falsificaciones
17 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El tráfico de documentos de identidad y de viaje falsos es una actividad delictiva tan rentable o más que el tráfico de drogas, y apenas entraña riesgos para quien lo practica porque no está tipificado penalmente en casi ningún país del mundo. En la mayoría, sólo se castiga el uso o fabricación de ese tipo de acreditaciones oficiales. Canadá es el único Estado occidental que tiene tipificado el tráfico de documentación, y sólo desde hace cinco años. La ausencia de riesgos y la elevada rentabilidad de este negocio han provocado la reconversión de muchos antiguos correos de la droga, tanto en la ruta de Tailandia, que es de donde venía gran parte de la heroína que se consumía en el mercado occidental, como en la de Colombia, que sigue siendo el primer productor de cocaína del mundo. Las mafias que controlan el lucrativo negocio de los documentos falsos están pagando en la actualidad cantidades cercanas a los 1.600 euros más los gastos de viaje a esos correos, por, por ejemplo, recoger una maletín en Bangkok (Tailandia), Bogotá (Colombia) o Lagos (Nigeria) y entregarlo en Madrid. Así lo explicó la semana pasada Eduardo Rentero, inspector jefe de Falsedades Documentales, quien participó en un curso sobre el mercado del crimen en la Universidad de verano de El Escorial (Madrid). El principal mercado de los documentos de viaje e identidad falsos son las redes de inmigración ilegal, pero cada vez se registran demandas más elevadas en otros ámbitos delictivos, como el narcotráfico e incluso el terrorismo. Más control En este aspecto, los atentados del 11-S han supuesto un punto de inflexión, ya que antes, en las aduanas, sólo se comprobaba si el documento era auténtico o falso. Ahora, también se comprueba que el portador sea el verdadero titular del documento. A la proliferación de este negocio, controlado por lo que los expertos califican de «gama alta de la delincuencia», ha contribuido de forma decisiva las nuevas tecnologías. Según Eduardo Rentero, quien está convencido de que «con tecnología y dinero todo es falsificable», el 88% de los documentos falsos que circulan por la Unión Europea se hacen a color con escáners y fotocopiadoras inteligentes. Elementos comunes A pesar de la importancia que para la seguridad tiene el control de estos documentos, a los países occidentales les cuesta trabajo ponerse de acuerdo a la hora de definir qué elementos de identificación se incorporan a ellos. Entre otras razones, porque hay países, como el Reino Unido, en los que ni siquiera existe un carné de identificación ciudadana. Pero el panorama internacional ha contribuido a sensibilizar a los gobiernos. La UE ya ha conseguido ponerse acuerdo sobre los datos biométricos a incluir en los nuevos pasaportes.