La «jet» desembarca en Galicia

Elena Silveira
E. Silveira A CORUÑA

SOCIEDAD

Uno de los cien yates más grandes del mundo estuvo dos días en el puerto coruñés de Sada El «Lady Christine», propiedad de un millonario escocés, lleva en su cubierta un pequeño helicóptero

17 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Los vecinos del municipio coruñés de Sada estuvieron estos días revolucionados intentando averiguar de quién era el enorme yate con bandera inglesa que fondeó en el puerto, frente a la playa de Arnela. Se especulaba por la localidad que si era propiedad de la nieta de Onassis -por eso del nombre de la embarcación ( Lady Christine )-, que si pertenecía al magnate ruso Roman Abramovich... Pero ni uno ni otro. El dueño es Irvine Laidlaw, uno de los hombres más ricos de Escocia y fundador del Institute for International Research (IIR), una de las empresas más importantes del mundo dedicadas a la organización de conferencias. En alguna entrevista, el magnate había explicado que era un amante de la buena vida, aunque fueron unas declaraciones redundantes, dado que está a la vista: su barquito es uno de los más grandes del planeta; ocupa el número 97 en el ránking. El crucero tiene nada menos que 56 metros de eslora, cuatro plantas de altura y una plataforma de aterrizaje para un pequeño helicóptero. Además, está decorado con todo lujo de detalles y uno de los salones alberga hasta una falsa chimenea. Suficiente para ser el hogar flotante de Irvine Laidlaw y su segunda esposa, que fue la que inspiró el nombre del barco. Algunos pensarán que el matrimonio está apurando sus vacaciones, pues el barco sólo amarró dos días en el puerto de Sada (ayer por la noche zarpó rumbo a Málaga). Pero nada de eso. La pareja lleva dos años recorriendo el mundo y, al parecer, les quedan destinos para rato, porque eligen los muelles en los que recalan según lo exótico y lo «diferente» del lugar. Miembros de la tripulación explicaron, sin profundizar mucho, que esta ruta por los siete mares era un viaje «de trabajo y de placer». Difícil mezcla, pero, por lo visto, viable para los magnates. Quizás Irvine y Christine, después de probar el marisco de las rías gallegas (así lo confirmó uno de las doce personas que viajan con ellos), decidan instalarse definitivamente en esta parte del mundo, poner de moda Galicia y renunciar a la encorsetada jet de Mónaco (donde el magnate posee un apartamento desde el que se ve el palacio real) y de Niza, donde últimamente han fijado su residencia. ? Excentricidades Y en Galicia no les faltarán recursos para satisfacer sus excentricidades. En los dos días que estuvieron en Sada, por ejemplo, no tuvieron problemas para encontrar dos taxis que trasladaran a dos caniches gigantes de pelo castaño al aeropuerto -al parecer, los mandaban vía aérea de vuelta a tierra firme-. Irvine Laidlaw también encontrará numerosos proyectos locales en los que poder centrar sus ansias solidarias una vez que se retire de los negocios y empiece a cobrar la pensión de jubilación: «No se preocupen, no me aburriré. Tengo mis hobbies , obviamente, y a Christine y a mi nos encanta viajar, así que esperamos seguir haciéndolo. Y también está el trabajo caritativo, al que espero dedicar cada vez más y más tiempo», dijo en una entrevista antes de iniciar esta ruta por todo el mundo. La llegada de este yate a las costas gallegas abre las singladuras de otros cruceros de gran envergadura que todos los años realizan la ruta del norte al sur de Europa. Quizás los Laidlaw, con un par de recaladas más, consigan aficionarse a la empanada de vieiras.