VIDAS EJEMPLARES
25 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.BOB DYLAN viaja en su autocaravana en dirección a Nashville, la capital del country, donde esta noche ofrecerá un concierto en el Herschel Stadium. Zapateado en un sofá de cuero rojo, sigue ensimismado un canal de tele satélite, que emite en un idioma indescifrable. Sus asistentes no se inmutan. Ya se sabe: después de las alegrías drogotas de los 60, el coco a veces derrapa y el artista se torna excéntrico. Acaba el concierto. En el camerino, todavía con una toalla sudada al cuello, Bob, con careto de no entender nada, se sumerge en las páginas de una revista foránea escrita en caracteres cirílicos. Sus asistentes están perplejos, pero lo dejan a su bola. Rarezas de genio... Bob hace noche en un motel. Tirado en una tumbona, lee una biografía de Víktor Yushchenko, el hombre de rostro de cráter que preside Ucrania. Más tarde, llama a uno de sus asistentes: «Consígueme el teléfono de Yulia Timoshenko y un traductor de ucraniano, que vamos a telefonearla». El asistente se pone en contacto con uno de los hijos del artista para alertarlo de que su padre está perdiendo la cordura. Pero no es así. Simplemente, Dylan, el gran trovador norteamericano, es un buen ciudadano e intenta informarse para votar con criterio en las elecciones de su país: Ucrania. (PD: Zigman Zimmerman, el abuelo de Robert Zimmerman, alias Bob Dylan, embarcó en 1909 en Odessa para emigrar a Estados Unidos. Por tanto, su nieto Bob es ciudadano ucraniano y tiene pleno derecho a votar allí... ¿no?).