EL PRÓXIMO lunes se reunirán en el Vaticano 115 hombres provenientes de todo el mundo para decidir quién será el nuevo representante de Jesucristo en la Tierra. Decidirán ante Dios y ante su conciencia quién entre ellos será el mejor representante de la palabra de Cristo, el divulgador perfecto, el gestor de la fe de cientos de millones de fieles... Una decisión complicada, especialmente en este mundo, por lo menos tan injusto como el que el propio Jesucristo vivió hace dos mil años y que, la verdad, se ha redimido poco. Afortunadamente, los cardenales tienen muchos datos para decidir. Y un referente muy claro: el Evangelio. Así que, a pesar de todo, cualquiera de ellos podría manejar una serie de preguntas en cuya respuesta, faltaría más, yo no me voy a meter. Por ejemplo, si Jesucristo viviera hoy ¿permitiría que su palabra fuera administrada sólo por los hombres y nunca por mujeres? ¿prohibiría los preservativos si conociera su efectividad preventiva frente a una de las mayores epidemias que ha vivido la humanidad? ¿acumularía tesoros en el Vaticano mientras el hambre matara cada día a centenares de niños? ¿se opondría al amor entre personas del mismo sexo? ¿se vestiría con túnicas de seis mil euros? No son estas demagógicas preguntas las únicas que los cardenales deberán responder. Pero para eso acumulan años y años de estudios teológicos. Yo, lamentablemente, me quedé con el mensaje más simple de todos: Jesús es amor.