Elena, la «Dieces»

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa OURENSE

SOCIEDAD

PILI PROL

Sobresaliente. Así era Espinosa en el Otero Pedrayo de Ourense, donde estudió el bachillerato y se preparó para la universidad. Ayer volvió, de visita, y se entregó a la nostalgia

04 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La ministra de Agricultura y Pesca, la ourensana Elena Espinosa, volvió ayer al instituto. Al que fue el suyo allá por los años setenta, el Otero Pedrayo de Ourense. Al que entró -ella misma lo dijo- siendo todavía una niña en 1970 y del que salió, todavía adolescente en 1976, rumbo a la universidad y a la vida. Rumbo, seguro que sin imaginárselo siquiera, a formar parte del Gobierno español. Espinosa fue la encargada de inaugurar, como ex alumna ilustre, un ciclo didáctico en torno a la ciencia que el centro educativo celebra por segundo año consecutivo y que consta de conferencias, exposiciones y demostraciones prácticas. Lo hizo pronunciando una conferencia sobre el funcionamiento del Ministerio de Agricultura pero no se limitó a eso: volvió a pisar los pasillos que la vieron aprender y crecer. Y ejercitó la memoria repasando seis años de su vida que transcurrieron entre las paredes del que fue, en tiempos, el instituto femenino de la capital ourensana. Evidentemente todas las personas que ayer recordaron su paso por las aulas insistieron en definirla como una alumna ejemplar. No podía ser de otra manera, con ella presente y con un ministerio a sus espaldas. Pero no se practicó la palabrería a la hora de definirla como una excelente estudiante. Hubo quien recuperó parte de su expediente para documentar la visita y dejó claro por qué se la conocía -dicen- como Elena, «la Dieces»: porque sus notas eran, casi todas, redondos sobresalientes. Fue su profesor de Religión, Agustín Madarnás, el que tiró de archivo. Conserva las notas de todos sus alumnos y ayer le llevó una copia de sus calificaciones a Elena Espinosa para que la guardara de recuerdo: le dio un 10 durante cinco años consecutivos y en COU, un 9. La historia se repitió, punto arriba punto abajo, en el resto de asignaturas en los distintos cursos, como certificaron ayer sus profesores, algunos ya retirados, que mantuvieron un breve encuentro con ella -casi un homenaje a la antigua alumna- antes de que se enfrentara a un auditorio compuesto por centenares de adolescentes. Se encontró la ministra con aquellos maestros, emocionados en lo que fue una fiesta para el centro educativo. Los actuales, los profesores encargados de dictar ahora la lección, tienen desde ayer un nuevo argumento para convencer a los estudiantes de que hinquen los codos: «¡Podéis llegar a ser ministros!». Si es que eso, hoy en día, es una motivación para los adolescentes.