MEDIO FERRADO
27 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El gran éxito de esta Semana Santa no han sido las procesiones, ni las playas resplandecientes ni los encuentros gastronómicos, sino el turismo rural. Ahora que ya somos mayoritariamente urbanos, los lamentos por la desaparición de nuestra vieja cultura han calado y las familias han corrido a las casas rurales antes de que todo eso desaparezca. Los niños de hoy necesitan comprobar que ese tapiz verde que se ve por las ventanillas del coche es practicable y recorrible, y no sólo un fondo virtual para la acción principal de ir por autopista. Los niños de ciudad vuelven habiendo descubierto las prolongadas tres dimensiones del espacio abierto, donde se pueden tirar piedras, coger palos, chillar y correr como no se puede hacer en los cuatro metros de la habitación de los juegos. Ya saben que el campo está lleno de bichitos; que hay plantas que pinchan; que el pan se hace con unas hierbas con granitos; que las vacas fabrican leche cuando le das a una manivela que se llama rabo; que también tiran por el suelo unas pizzas que no se comen y si las pisas viene mamá y dice ¡caca!; que los gallos se casan con las gallinas picándoles en el cuello y entonces ellas ponen un huevo; que la tierra huele; que los árboles silban con el viento; que si llueve, te mojas; que de noche está oscuro. Porque todas estas cosas esenciales se aprenden en el campo y no en la tele, hay un futuro prometedor para el turismo rural.