VIDAS EJEMPLARES
29 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Nuestro héroe tiene 52 años, tres hijas más altas que él, un Audi portaaviones y un chollazo de 25 kilos/año en una firma multinacional. También tiene una mujer de su quinta: guapetona, maja, pero ya otoñiza. Nuestro héroe está amuermado. El tinto gran reserva, el chalé, su carné de Balaídos, el pádel anti-michelín y los 207 canales de su tele de pago ya no le dicen nada. Un día, en la barbería, detecta valores inesperados en la chavala que lava cabezas: «¡Ufff, cómo está Manolita!», medita picarón. Discretamente, la invita a tomar algo. Manolita (22 años) pispa su Audi A8 y acepta, arrugando la naricilla en delicioso mohín. Esa misma noche: ¡festa rachada en un motel! Por la mañana, nuestro héroe se descubre enamorado. Al mes, se muda con Manolita a un apartamento bohemio. La vida se llena de alicientes. Los viernes, cambia la corbata Loewe por una camiseta Nunca Máis (que le ciñe bastante el bandullo) y se curra los antros vigueses de Churruca con Manolita y amigas. No sin dolor, deja el ribera del Duero por el calimocho y el Cohíbas por la maría. En el coche, oculta su colección Karajan y se autolesiona con Bisbal. Al año, concluye que Manolita, a pesar de su épico final de espalda, es más corta que un hámster y se propone dejarla. Lo logra: la noche previa al adiós, sucumbe a un viagrazo en plena proeza concupiscente. Manolita hereda el Audi. Pero retornando ciega de un after-hours de Cangas, colisiona en el puente de Rande y cae a la Ría. Cupido llora en el cielo.