A GALILEO casi le queman por decir que la Tierra giraba alrededor del sol. Servet tuvo menos suerte. Ardió en la hoguera por enunciar que la sangre circulaba por las venas. Al final, la razón se impone. La Tierra no era plana, sino redonda, y Darwin tenía razón, el hombre viene del mono. Hasta la Iglesia ha llegado a admitir, aunque por breves horas, la bondad del condón. Al final ha dado marcha atrás, pero ya es algo. ¡Qué cosas!, la Iglesia dando marcha atrás. Ahora hay a quien le ha dado por empeñarse en que la unión libre y voluntaria de dos hombres o dos mujeres que se aman no puede llamarse matrimonio. Dicen que admitir esto es abrir la caja de Pandora, de la que saldrá la legalización de las uniones poligámicas, entre hermanos y, agárrense, hasta entre hombres y animales. Esta chorrada la ha dicho el Consejo General del Poder Judicial. Y hasta ha tenido el estómago de ponerla por escrito. Las malas ideas, cuando quedan impresas, son doblemente necias, por lo que ya han tenido que retractarse ante tremendo desliz. Los que quieren negarles el pan y la sal a las parejas homosexuales habrían perseguido en su día a Galileo, Servet y Darwin. Vale que la Constitución y el diccionario dicen que matrimonio es «la unión entre un hombre y una mujer», pero se puede modificar por «la unión entre dos personas». Y en ese enunciado no caben ni la poligamia, ni la zoofilia ni el incesto. Siempre habrá quien quiera un mundo estático. Pero, como dijo Galileo, eppur si muove .