Hacía mucho que no la veíamos. Tras casi un año oculta debido a una larga depresión, la princesa Masako , esposa del príncipe heredero del trono de Japón, Naruhito , ha reaparecido en público en compañía del resto de la familia imperial para felicitar el año a sus súbditos. Aunque el saludo es rutinario, ya que tradicionalmente el monarca expresa sus mejores deseos por la paz en Japón y el mundo, este año el número de visitantes y curiosos se multiplicó ante la anunciada presencia de la princesa. Verle la cara ha sido una buena noticia, pues creo que a muchas de nosotras nos da escalofríos sólo imaginarnos la presión a la que está sometida esta mujer, presa indefensa en las garras del rígido protocolo japonés. A mi siempre me ha caído bien Masako, ex diplomática licenciada en Harvard, políglota -habla seis idiomas-. Mujer de carrera brillante a la que renunció ¡por amor!. Pero la presión de las tradiciones imperiales pudo con su pasión. La parte triste de la historia se hizo pública hace seis meses cuando Naruhito expresó a través de un comunicado oficial, que la que una vez fuera una joven alegre, sociable y brillante, estaba exhausta por sus esfuerzos para adaptarse a la vida formal en el Palacio Imperial. Sus responsabilidades como princesa y madre, además de la gran presión por concebir un segundo hijo -varón-, causaron el agotamiento extremo de Masako. Ojalá su reaparición sea prueba de su recuperación. Por cierto, en el balcón blindado del palacio estuvo también la princesa Sayako, la hija menor de los emperadores que se casará este año con un funcionario de la alcaldía de Tokio, matrimonio tras el cual perderá sus atributos reales. Una suerte para ambos. Una de las cosas que más me gusta hacer el día de Año Nuevo es pasarme la mañana contemplando los saltos de esquí que puntualmente se celebran en la estación alemana de Garmisch-Partenkirchen. Tanto me gustan que hace unos años, durante un viaje por Alemania, no pude evitar desviarme de la ruta y lanzarme a descubrir las entrañas y los alrededores de esta estación, situada en el centro de los Alpes bávaros. La pista por la que se salta permanece montada todo el año y les aseguro que el desnivel impresiona. No en vano, como vemos en la fotografía, el concurso de saltos es quizás, lo más parecido a volar