Expediente L en A Mariña coruñesa

SOCIEDAD

VÍTOR MEJUTO

Cada verano, un fenómeno migratorio sin precedentes inunda Miño de vecinos de Lugo capital El arenal miñense ofrece un mar de calma y regularidad para los bañistas de edad más respetable

30 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Pequeña encuesta a pie de arena. Una pareja venerable, él de chándal y alpartagas, ella de falda rodillera y chaqueta de punto, pasea entre las dunas. «Jefe, ¿de onde son vostedes?». «De Lugo». «¿De Lugo, Lugo?». «Do mesmo Lugo capital». Buen comienzo. Las brumas de la leyenda se levantan. La etiqueta de playa oficial de la ciudad de Orozco que rodea a Praia Grande no es ninguna broma. Siguiente parada. Matrimonio de mediana edad con hija adolescente aburrida. La chavala ni se ha quitado el suéter. «Jefe, ¿de onde son vostedes?». Respuesta: «De Lugo». La sensación comienza a ser inquietante. ¿Es que aquí, a 83 largos kilómetros de la capital de las murallas, no hay nadie que no sea de Lugo? La tercera familia del abordaje despeja cualquier atisbo de duda. También son tres. Dos mujeres, cómodamente instaladas en sendos bañadores, y un paisano que viste jersey amarillo, camisa, chapeu , pantalón y, velaí su única concesión al temita playero, unas chanclas con calcetines que harían sudar a un esquimal en una nevera. El hombre observa el mundo con indiferencia desde una silla de loneta, tipo hamaca. Parece que lo hubiesen abducido en plena calle de los vinos para arrojarlo de inmediato sobre la arena sin despeinarlo, tal cual. Por supuesto, su contestación a la única pregunta del día es la esperada: «Somos de Lugo e vimos case todos os días». Pese a que el fenómeno migratorio es anterior a cuaquier tipo de vía de alta capacidad, el hecho de que la AP-9 desemboque a cien metros de la playa ha echado un cabo en esto de que la diáspora lucense de cada verano vaya a más. Tanta es la proximidad de la autopista, que el conductor despistado corre el serio riesgo de acabar espetado contra una duna. Por lo demás, las indudables cualidades del arenal de Miño explican a la perfección el perfil medio de su numerosa y fiel clientela. Que nadie aguarde en Praia Grande una explosión de hormonas ni sudorosas tarzanadas juveniles bajo el sol. Lo que se lleva es la tranquilidad. Es la playa en la que uno enseñaría a nadar a los chavales. La lengua de arena preferida por el personal de cierta edad. Esto tampoco es nuevo. Hace ya más de una década, don Manuel protagonizó aquí al lado, en Perbes, un vídeo de la Consellería de Sanidade en el que animaba a los gallegos otoñales a hacer ejercicio. Él mismo daba ejemplo y unas meritorias carreras. Y es que hasta las olas, perfectas, de media altura, responden a una regularidad implacable: una cada diez segundos. El camarero de un restaurante lo confirma todo y aporta un final de antología y filigrana: -Moita xente de Lugo... -Tanta como as olas. Ja, ja. -¿E leva vostede moito tempo por aquí? -Toda a vida. Son Luis Purriños, o concelleiro de Cultura.