La duquesa de Montoro arroja una bomba sobre la relación de Fran y Carla Goyanes Alega que ella y el torero habían vuelto a vivir juntos para rehacer su matrimonio
26 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La que se va a liar. Un periodista telefonea a Eugenia y ella, despechada, canta como un canario. Ahora, la duquesa se arrepiente, porque una mala tarde la tiene cualquiera, y dice alternativamente, ora que ella no ha dicho ni Pamplona, ora que se pensaba que estaba hablando con su tía, la del pueblo, y no con un plumilla. Los de Diez minutos , donde se publica la entrevista fantasma, muy escarmentados tras el rapapolvo de Zapatero, han intentado zanjar la polémica haciendo circular una cinta con parte de la conversación. En el fragmento, al parecer, no queda clara la deontología profesional del interlocutor, pero sí el filo de la lengua ducal y su dominio de los términos malsonantes. A la vista de estas confesiones de la menor de los Alba, palidecen el resto de las revistas del corazón de esta semana, a pesar de que nadie ha sido capaz de sustraerse al culebrón del verano. «Carla Goyanes, el nuevo amor de Fran Rivera», titula Semana en un alarde noticioso; en tanto que ¡Hola! , empeñada en estropear medio siglo de buena imagen, muestra a la parejita «cogidos de la mano» por Ronda en una foto más movida que la que idem se va a organizar. Lecturas , por su parte, a lo suyo: «Emma García, exóticas vacaciones». Pues que le aprovechen. «Me he llevado un gran palo», dicen que dice Eugenia en unas declaraciones que, más que romper «su silencio», rompen la baraja. El enfado de la parlanchina aristócrata es muy natural, porque independientemente de en qué circunstancias se hayan pronunciado esas palabras, van a desencadenar una guerra en la que no se sabe quién tiene más que perder. Por lo demás, el contenido no puede ser menos sorprendente, la verdad: Eugenia lo está pasando mal, se enteró de la relación en el velatorio de Carmina Ordóñez, se siente traicionada por Cari Lapique y de volver con Fran, ni soñarlo. Todo bien sabido. A reina muerta... En Semana -a reina muerta, reina puesta- se dedican a dorar la píldora a la otra , Carla, que cuentan que es modelo (¿modelo de hermana pequeña, quizá?), estudia 4º de Empresariales pero no aprende a callarse la boca: no cree ser una niña de papá, y no lo cree desde la terraza de su casa madrileña de Rubén Darío, vivienda típica del honrado proletario hecho a sí mismo. En el reportaje anterior, Fran «vive su gran momento», como le pasaría a cualquiera que acabara de perder a su madre, romper su matrimonio y ser acusado de rajar ruedas y de dar morrazos a los periodistas. y Lecturas ofrecen las primeras imágenes de la pareja en plan tortolitos, recorriendo sin vergüenza las calles de Ronda. Como ninguno de los dos hace declaraciones, el lector no tiene necesidad de persignarse a cuatro manos, y puede seguir avanzando en su inmersión semanal en la prensa rosa. El cuento de la duquesa, el torero y la amiga de la infancia eclipsa a la que debería ser la gran noticia, sobre todo para una vez que es buena. Tras varios dimes y diretes y mucha preocupación, Rocío Jurado salió de la clínica tras tres semanas. Desmejorada, pero con esperanza.