Doscientas formas de vestirse

La Voz

SOCIEDAD

Ayer traía a esta página los tatuajes con los aros olímpicos que tanto se están viendo en Atenas y hoy, para no desentonar, sigo con el mismo tema: las olimpiadas. Como es habitual en este espacio, me he fijado en el aspecto más frívolo y divertido de la cita deportiva, es decir, en las vestimentas que vimos el viernes por la noche. Ni que decir tiene que hubo de todo. En los países occidentales predominaban como colores básicos el tostado, el beis, el blanco o el gris. El rojo y el granate fueron el complemento perfecto para estos trajes. Entre quienes viven en el trópico, los colores se dispararon, y mucho, hasta volverse contra ellos. Y después estaban aquellos pueblos casi «invitados», países con cuatro o cinco participantes que en el desfile tenían más valor etnográfico que deportivo. Después de mirar y remirar las fotos, yo me quedo con la delegación argentina, por dos razones fundamentales: los colores y los trajes eran muy favorecedores y, además, apenas había diferencia entre ellas y ellos. Y aquí me quiero parar algo más. A poco que se repase la caravana de color, y quitando las excepciones de los países llenos de color y calor, lo cierto es que había dos opciones. La primera son los clásicos, con ellas de faldita y ellos de pantalones largos, todos muy conjuntados. Es el caso de España (aire azafata el de las chicas, con zapatos y bolsos espantosos), pero también los de Italia, Alemania (con un color muy poco favorecedor), Francia (ellas con una falda muy mini), Portugal (al igual que Rusia, con un aire retro y boina ad hoc ), Suecia (tan recatadas que parecían cursis), Colombia, Suiza, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Dinamarca y otros muchos países. Después estaba el segundo grupo, donde el aspecto era unisex, todos con pantalones, ellas casi siempre pesqueros. Eso se vio, por ejemplo, en delegaciones como Israel, Australia (muy de moda con un cinturón amarillo pero mal elegida la cazadora con estrellas), México, Eslovaquia, Serbia-Montenegro, Grecia, Turquía, Canadá, Cuba, Singapur... Eso sí, no encuentro explicación sociológica a estas diferencias, la verdad.