El desembarco de la dorna lisérgica

Serxio González Souto
Serxio González AL SOL | RIBEIRA

SOCIEDAD

CARMELA QUEIJEIRO

Alucinantes embarcaciones dedicadas a Carmina Ordóñez y a los polizones del «Wisperia» triunfan en Ribeira Una gamela de corcho con cinta de embalar se hizo con la 56 edición de la regata «Cutre Sark»

24 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?o que mal empieza, mal acaba y peor continúa. En 1948, un grupo de cachondos mentales vacilaron a la Comandancia de Marina de Vilagarcía. Los tipos, oriundos de Ribeira, celebraron la consecución de una dorna rifada antes de que se celebrase el sorteo. Con el tiempo, y pese a los años negros marcados por Travolta y su espejismo de bola y discoteca, el asunto se ha convertido en una parranda de proporciones fabulosas. Uno de los pocos ejemplos de fiestón galaico en los que la imaginación todavía triunfa sobre la ayudita económica y el calendario subvencionado. Cincuenta y seis años más tarde, la Festa da Dorna sigue dando guerra, desparramada ayer entre el centro de Ribeira y la playa de Coroso. La juerga, que recoge una larga semana de jaranas más o menos puntuables, se resume en un interminable desfile de embarcaciones alucinantes, donde las peñas participantes, más de cuarenta, lucen los mejores productos de sus castigadas neuronas. Se trata de una especie de Crónicas Lisérgicas a la ribeirense, capaces de condensar la realidad circundante en un pedazo de corcho flotante. ¿Ejemplos? Una cuadrilla dedicó su jornada a la desaparecida Carmina Ordóñez, apenas 24 horas después de conocer la noticia de su fallecimiento. De hecho, O baño de Carmiña estuvo a punto de vencer en la regata más ajustada del verano gallego. Una victoria contestada Al final, fueron los Pateiros Palangreiros, cuatro fulanos empoleirados en una gamela de corcho recubierta de cinta de embalar, los que se hicieron con la regata Cutre Sark . Mientras, una veintena de contrincantes chapoteaban valiente pero lentamente a bordo de sus ingenios. Desde lanchas gringas de desembarco al Wiskeria -un remedo del macabro carguero Wisperia y sus polizones arrojados al mar- pasando por cisnes navegantes y una charanga de gaita, bombo y tamboril, metida a remojo hasta la cintura. No ganaron ni los mejores ni los más bonitos, sino los más rápidos, arrojando un resultado real como la vida misma que no gustó a parte del respetable. «Hai que impugnar a rejata», proclamaba un indignado bañista a pie de playa. Ni caso. La fábrica de A Poutada Cualquiera atendía a las impugnaciones después de un desfile de una hora, a mediodía, bajo los efectos de la temible ola de calor sahariano. A medio camino entre el auditorio y Coroso, antes de tocar el agua, la comitiva paseó bajo la fábrica de A Poutada. Si el cartel hubiese perdido una de sus vocales, la idea que paseaba por las mentes de los participantes habría quedado perfectamente reflejada. «Señora, ¿ten lume?», preguntó uno de A Illa a una anciana que se resguardaba del sol bajo un alerón de la lonja. «Agora xa non, aquello ya se fué, ajajá», respondió ella, aplicando el bilingüismo armónico a la ocasión. Carliños, un antiguo trabajador de la churrasquería Albariño, dio en el clavo: «Eu non son heavy ; penso heavy ». Ribeira tamén pensa heavy.