Los usuarios de la prostitución responden a perfiles variados

Nacho Mirás SANTIAGO

SOCIEDAD

Un estudio concluye que cualquier hombre es prostituidor potencial El término «cliente» provoca confusiones que se eliminarían con la denominación adecuada

02 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

No se le puede llamar «cliente» a quien recurre a los servicios de una prostituta. En esa idea insistió ayer la profesora de Trabajo Social de la Universidad Complutense y miembro de la Plataforma de Mujeres por la Abolición de la Prostitución, María José Barahona, que prefirió huir de eufemismos para denominar a este tipo de persona con todas las letras: «Prostituidor, putero o putañero». Para la especialista, que participó en la segunda jornada del seminario A prostitución feminina: propostas e intervención que se celebra en Santiago, el prostituidor es aquel que refuerza y favorece la existencia de la prostitución, un varón que paga «por el abuso de las mujeres». Mercancía vendida Para María José Barahona, el término «cliente» provoca que se incurra en errores. «Un cliente es aquel que usa los servicios de un profesional o una empresa -señaló-. Aquí no es así. La prostitución no es un trabajo, es mercancía vendida por terceros. La empresa es un proxeneta, un delincuente según el código penal». La profesora incidió en la idea de que, si no hay demanda, el producto no tiene salida. Lamentó también la «desestigmatización» del prostituidor, «a quienes se convierte en víctimas de su naturaleza porque no pueden controlar la rebelión interna de sus espermatozoides», algo inexplicable que atribuyó a la tradición patriarcal. Contra esta idea de que el hombre necesita desfogarse porque la naturaleza obliga, la conferenciante insistió en que la sexualidad humana «es fundamentalmente cultural, algo aprendido», y que el prostituidor demuestra esa teoría porque no hay nada más planificado que su conducta que no es innata, es aprendida».