Cuentan las malas lenguas que la ex ministra socialista Cristina Alberdi armó la marimorena en un vuelo de Iberia porque no había suficientes benjamines . La abogada fue muy poco diplomática -aunque con eso del alcohol hay mucha gente así, Ernesto de Hannover o unas amigas mías, que se pelean con quien sea por una caña- pero también fue Alberdi bastante torpe. Tenía que haber viajado con Manuel Fraga en el Camino de Santiago , nombre del nuevo avión de Air Europa que bautizó, con litrona del más fino y burbujeante cava, el presidente gallego. Así, además de garantizar el bebercio podría haber disfrutado de la instantánea -don Manuel no es una buena madrina , por lo que se ve- y de una charla seguramente muy divertida, ya que el político gallego es una fuente inagotable de anécdotas. De los robos no se salva ni el apuntador, eso ya lo sabemos. Una fábrica de Copenhague ha anunciado que unos cacos le llevaron una cubertería de plata valorada en 270.000 euros (hay muchos pisos que no tienen ese precio) y que había sido encargada por la reina Rania de Jordania. No crean que los ladrones se encapricharon con los tenedores jornados, porque también metieron en el saco relojes de pulsera y otros objetos hasta completar los 700.000 euros. Lo mejor del caso es que la fábrica ya sufrió un robo similar, aunque de mucha menor cuantía, en navidades. ¡Qué temporada llevamos! Bodas, nacimientos, divorcios... el famoseo está que se sale y además lo hace de sorpresa. Para no ser menos que las demás, Mira Sorvino anunció que se había casado con el también actor Christopher Backus en una ceremonia privada en el juzgado de la localidad costera de Santa Bárbara, en California. Y como ya empieza a hacerse costumbre ella -qué sabia- es mucho mayor que él. La Sorvino luce 36 primaveras, muy bien llevadas, eso sí, y su flamante esposo apenas 22. Sí, parece un delito, pero no lo es. Backus tiene en su haber cinematográfico alguna incursión en la tele, como en la serie Will y Grace . Sorvino, en cambio, puede presumir de Oscar a la mejor actriz de la mano del mismísimo Woody Allen (y de una relación con Quentin Tarantino ). Una mujer de 64 años acaba de dar a luz a un bebé (sano) en Tel Aviv. Al parecer ella y su pareja estuvieron años intentando conseguir el embarazo y aunque constantemente fracasaban en el esfuerzo, no cejaron hasta que obtuvieron un éxito. A lo peor la señora descubre ahora que tampoco un hijo le da esa felicidad que parece perseguir cueste lo que cueste. No sería algo tan raro. Cartas de 15.000 euros La casa Christie's ha vendido en Italia unas cartas de amor, catorce para ser exactos, que se cruzaron Eduardo VIII y Wallis Simpson durante su turbulento noviazgo. Como ya se sabe que ahora la fidelidad está pasada de moda, un antiguo ayudante de cámara de la pareja -con la que estuvo casi cuarenta años- decidió hacer públicas las misivas donde no faltan frases tan manidas, íntimas y respetables como «nunca sabrás cuánto te quiero» y «amada mía, te quiero cada vez más. Toda separación es un infierno». Él firma con uno de sus nombres de pila, David -es lo bueno de tener media docena, que los puedes ir intercalando- y en algunas ocasiones le añade un tierno adjetivo, del tipo «tu asustado David». tiene peligro. Dijo que retiraría las tropas de Irak y lo hizo el primer fin de semana; aseguró después que la educación tendría nueva ley y en septiembre ya no se implantará la antigua, y ahora lo del jamón. Verán, hace un par de semanas, cuando se celebró el Consejo en Bruselas, Zapatero y Schröder coincidieron en señalar que en estos encuentros siempre ponen salmón -entonces con brécol-, cuando a ninguno de los dos les vuelve locos. El español aprovechó la ocasión para alabar las maravillas de un buen jamón ibérico, y el canciller alemán le dijo a todo que sí, que muy bien, pero que él de jamones sabía más bien poco. Así que Zapatero se brindó para hacerle llegar uno a la menor ocasión. Y ¡zas! esta semana, en la cumbre de Estambul, el leonés apareció con un jamonazo . Lo mejor del caso es que los dos tuvieron que cenar salmón de nuevo, esta vez con calabacines y zanahorias. ¿Se imaginan el puntazo que puede ser implantar jamón en estas cumbres?