GEORGE Smith fue sirviente del príncipe de Gales hasta que lo echaron de palacio por su afición a la bebida nacional británica: el gin-tonic. Herido y sin blanca, decidió aprovecharse del aquí vale todo que impera hoy en día en muchos medios de comunicación y le vendió al rotativo inglés Daily Mail una historia tan macanuda como grotesca. Por 80.000 euros firmó un documento en el que aseguraba que al bueno de Charles lo que de verdad le pone no son las inexistentes curvas y la tez desgastada de Camilla Parker-Bowles, sino los músculos de sus fornidos sirvientes. La noticia se prohibió en el Reino Unido, pero dio la vuelta al mundo y puso contra las cuerdas, una vez más, a la familia real de la pérfida Albión. A pesar de que todo apuntaba a que Mr. Smith no era más que un jeta, hubo quien trató la noticia como si de una verdad se tratara. Meses después, el sirviente delator ya se había pulido su fortuna y, alucinen, volvió a vender la historia a otro periódico, el Sunday Telegraph . Otros 80.000 euros del ala. Esta vez por desdecirse y admitir que todo lo que dijo sobre la homosexualidad del príncipe de Gales era mentira. Smith nunca llegará a cobrar, porque el Telegraph le tendió una trampa para demostrar que la gran exclusiva de su amarillenta competencia no era más que una patraña. La cuestión es ¿cuántos George Smith hay en España calumniando por dinero? ¿Cuántos Daily Mail entran cada día en nuestras casas vendiendo mentiras por verdades? Por desgracia, muchos. En España Smith habría fichado como tertuliano de Sardá, estaría forrado y muy pronto rodaría la tercera parte de Torrente. Fijo.