Gaultier se hace panadero

Alba Díaz-Pachín

SOCIEDAD

CÉSAR TOIMIL

Desde que John Galliano arrebató a Jean Paul Gaultier el apodo de l'enfant terrible de la moda, el francés no sabe qué hacer para recuperar su trono. Tal vez ahora lo consiga, con una exposición retrospectiva digna de su imaginación. La Fundación Cartier exhibirá hasta octubre una muestra de Gaultier hecha con pan. Sí, harina, levadura y agua. De pan son las 4.000 baguettes que se han colocado en unas guías a modo de persianas venecianas y que dan la bienvenida al recinto (además de matizar la luz). De pan son las ropas, zapatos y moldes que recorren sus grandes logros. Los croasanes hacen de pelo, los bollitos adornan pies y las humildes migas se convierten en perlas en manos de Gaultier. Podía usar un bollo de pan de Carral para aderezar el bustier que Madonna lució en los ochenta por medio mundo, pero prefirió algo parecido al caracol. Por cierto, la muestra, que se denomina Pain et Culture ( Pan y Cultura, claro) se tiene que ir renovando -no sé si por roturas, vejez o robo de los visitantes- y para ello en los bajos de la fundación hay un gran horno. Por supuesto, de esta cocina salen barras que se venden al público, con el fin de repartir lo recaudado entre gente sin hogar. Lo mejor del caso es que para conseguir esas virguerías, Gaultier tuvo que recurrir a panaderos británicos, como Galliano. Otra británica es Victoria Adams, que por mucho que ponga morritos y la pierna derecha hacia adelante no tiene el glamur de la alta costura. No la traigo a la sección por eso, claro, sino por seguir con lo que les contaba ayer. Les decía que la mujer de Beckham no quiso hospedarse con las esposas de los otros futbolistas británicos en un hotel de Lisboa y se dedicó a buscarse algo mucho más caro. La decisión de posh (pija en inglés, tal y como la conocen) fue muy criticada en la isla, tanto que la cantante decidió quedarse en una suite en el fabuloso hotel del resto de las esposas. Sin embargo, lo hizo demasiado tarde y se quedó sin habitación. Un príncipe en bata En los países nórdicos, dicen quienes van por allí, la relación de la monarquía con el resto de la población es muy fluida. Los palacios están a pie de calle, los reyes se pasean en bici y ver a un heredero en una terraza es algo normal. Pero el caso del príncipe Enrique , consorte danés, por su setenta cumpleaños es, permítanme decirlo, excesivo. El caso es que cientos de ciudadanos se acercaron en la mañana de ayer a la residencia real de Fedensborg, cerca de Copenhague, para felicitar al marido de la reina Margarita en su cumpleaños. Y el príncipe les respondió encantado saliendo a la ventana y saludando. Todo muy regio y normal entre los royals , ¡pero es que lo hizo en bata! Incluso es posible que su esposa, la reina, también se asomase con la bata, aunque en su caso es una temeridad decir que la ropa sea de cama, ya que a los actos oficiales suele ir de forma muy parecida. En fin, ahí tienen a Enrique con su camiseta interior y su bata de aire japonés, la versión kitsch del saludo real. Hablando de royals , Carlos de Inglaterra no acudió a los funerales de su ex suegra, Frances Shand Kydd, madre de Diana, fallecida la semana pasada, mientras sus hijos Guillermo y Enrique asistían a los oficios, el príncipe de Gales y Camilla Parker Bowles acudían a un musical en Londres. Al parecer, el heredero británico no fue invitado a la homilía por expreso deseo de Shand Kydd, que estaba enfadada con Carlos por no haberla llevado a París a ver a su hija tras el accidente que le causó la muerte.