AMIGO QUENTIN: ahora que preparas el estreno de Kill Bill II , sólo unas líneas para decirte que no falté a la cita y hace semanas me cobijé en la oscuridad de un cine para ver la primera parte. Tú, que aún me pasmas con Reservoir Dogs y Pulp Fiction , das la impresión de ser un hombre comprensivo. Igual un poquillo violento, pero comprensivo. Es por eso (y por tu cuenta corriente) que me arriesgo a pedirte un favor: ¿Me podrías reintegrar el dinero de la entrada? Te lo agradecería. Piensa que el tipo de la taquilla se negó a devolvérmelo. Dijo, cabreado, que la vaina no iba con él. Y como tu nombre aparece tan grande al principio de la película... No sé. A lo mejor contigo hay más suerte. El tema es que la tal Kill Bill a mí me ha dado arcadas y pelín de sueño. Tanto ketchup y tanto miembro amputado. Nada. Manías que tiene uno. Seguro que lo entiendes. Tampoco creo que te importe que te diga que me parece una tomadura de pelo. Y que vas a por la pasta fácil con una historia infestada de tópicos de cómic manga. Que se te ha estacando el discurso. Bueno. Poco más. Agradeciendo tu atención (si no andas muy liado chorreando sangre por ahí) me despido. Y eso, a ver si me puedes devolver el dinero pronto. Y alquilo Mystic River o algo así. Ya sabes. Cine de verdad. Y perdona la comparación, que el contraste es muy bestia. Pero nada. Tú con lo tuyo. P.D.: Me olvidaba. Por la segunda parte con la que amenazas, no te preocupes. Con no verla lo tengo solucionado. Y saludos a la Thurman. Que le queda de vicio la katana. Oye, ¿El premio ese de la MTV no lo birlaría en una tienda? Pillina...